La exigencia física y la disciplina que caracteriza a los jinetes profesionales los posiciona entre los atletas más rigurosos en cuanto a sus regímenes de entrenamiento y nutrición. Sin embargo, un reciente estudio científico ha puesto de manifiesto que las prácticas de control de peso que estos deportistas llevan a cabo pueden resultar perjudiciales para su salud. La investigación, realizada por un equipo de expertos de la Universidad de Liverpool John Moores, revisó décadas de literatura sobre las necesidades físicas y nutricionales de los jinetes, concluyendo que es urgente una transformación en sus métodos de manejo del peso corporal.
Los jinetes requieren una capacidad cardiovascular comparable a la de los deportistas de élite en otras disciplinas, como el atletismo o la natación. Los datos recopilados en múltiples estudios indican que su capacidad aeróbica máxima (VO₂ máx) oscila entre 42,74 y 57,54 mililitros de oxígeno por kilogramo por minuto, niveles que son similares a los alcanzados por ciclistas o maratonistas. Este hallazgo sugiere que la exigencia física en la equitación es considerable y, por ende, debe ser abordada con un enfoque nutricional adecuado que potencie su rendimiento en lugar de limitarlo.
Durante las competencias, los jinetes asumen una postura que se asemeja a una “sentadilla cuasi-isométrica”, lo que implica una activación muscular intensa y sostenida en las piernas, el tronco y los brazos. Esta posición es crucial para mantener el equilibrio y la alineación con el caballo, especialmente a velocidades que pueden superar los 60 kilómetros por hora. Sin embargo, la rutina de entrenamiento de muchos jinetes no refleja estas demandas físicas. La revisión sugiere que las actividades que realizan, como trotar o galopar, equivalen en gasto energético a deportes de menor intensidad, lo que no es suficiente para prepararlos adecuadamente para las exigencias de una competencia real.
Con el fin de optimizar su rendimiento, los investigadores enfatizan la necesidad de incorporar entrenamientos de alta intensidad en las rutinas diarias de los jinetes. A diferencia de otros deportistas que suelen seguir dietas ricas en carbohidratos y proteínas, los jinetes deben lidiar con una lógica opuesta debido a las restricciones de peso que enfrentan en cada carrera. A cada caballo se le asigna un peso específico, lo que obliga a los jinetes a mantener su masa corporal de manera constante, frecuentemente a expensas de su salud.
Un estudio realizado en Hong Kong con 20 jinetes profesionales reveló que su ingesta calórica promedio se encontraba en apenas 806 calorías diarias, lo que representa poco más de la mitad de lo que su cuerpo necesita para mantener sus funciones básicas. Otras investigaciones llevadas a cabo en Irlanda y Gran Bretaña mostraron cifras igualmente alarmantes, con ingestas que variaban entre 1.360 y 1.803 calorías diarias, todos estos valores considerablemente inferiores a los recomendados para deportistas de su nivel de actividad.
Esta drástica restricción calórica se ve acompañada por prácticas de pérdida de peso que pueden ser peligrosas, tales como el uso de trajes de sudoración, saunas, limitación de la ingesta de líquidos y, en algunos casos, el uso de laxantes o diuréticos. Un estudio con 85 jinetes irlandeses indicó que el 67% de los encuestados admitió perder peso de forma rápida al menos una vez al mes para cumplir con los requisitos de peso en las competiciones. Estos hallazgos plantean serias preocupaciones sobre la salud a largo plazo de los jinetes, lo que subraya la necesidad de un cambio en las recomendaciones y prácticas nutricionales en el ámbito de la equitación.



