El tenista argentino Facundo Bagnis enfrentó un año de suspensión tras ser hallado culpable de doping, según determinó la Agencia Internacional para la Integridad del Tenis (ITIA). La decisión, que fue aceptada por el propio jugador, se basa en la presencia de hidroclorotiazida, un diurético prohibido, en su organismo, aunque se concluyó que el resultado positivo no fue intencional, sino consecuencia de un suplemento contaminado.
Bagnis, oriundo de Rosario y ex número 55 del ranking mundial, podrá regresar a las competencias el 17 de octubre de 2026. La investigación se inició tras un control de doping realizado el 18 de agosto del año pasado, en el marco de la clasificación para el US Open. La detección de la sustancia prohibida puso en jaque su carrera, obligándolo a apartarse de las canchas mientras se llevaba a cabo la investigación.
La hidroclorotiazida es una sustancia que se utiliza comúnmente como diurético y también como agente enmascarante, lo que la convierte en un elemento de preocupación dentro del ámbito deportivo. Sin embargo, a diferencia de otras sustancias, su detección no conlleva automáticamente una suspensión provisional. A pesar de ello, Bagnis optó por retirarse del circuito de manera voluntaria el 18 de octubre de 2025, una decisión que, aunque difícil, resultó fundamental para su caso. Este periodo de retiro se computará como parte de la sanción, lo que acortará el tiempo de su inhabilitación.
Durante el proceso de investigación, el tenista presentó una serie de documentos que incluían informes médicos y comprobantes de compra de los suplementos que consumía. Estos esfuerzos tenían como objetivo demostrar que la ingesta de hidroclorotiazida había sido involuntaria. La ITIA, buscando esclarecer los hechos, ordenó realizar un análisis del suplemento en cuestión, el cual fue sometido a un laboratorio acreditado por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Los resultados confirmaron la presencia de la sustancia prohibida, respaldando la defensa de Bagnis.
El comunicado emitido por la ITIA destacó que, tras evaluar la situación y considerando los atenuantes presentados, se concluyó que la infracción no había sido deliberada. Se mencionó que el tratamiento que Bagnis había recibido fue recetado por su médico, quien recomendó una farmacia específica para su producción, asegurando la calidad del producto. Esta información jugó un papel clave en la resolución del caso, permitiendo que el organismo tomara una decisión más benigna en comparación con otras sanciones que se han impuesto en situaciones similares.
Finalmente, se ofreció al tenista una suspensión de 12 meses, la cual aceptó, renunciando además a su derecho a una audiencia ante un tribunal independiente. A medida que se acerca su fecha de reingreso a las competencias, Bagnis deberá continuar inhabilitado para jugar, entrenar o asistir a torneos hasta su regreso oficial. Este caso pone de relieve la complejidad que enfrentan los deportistas en cuanto a la ingesta de suplementos y las implicaciones que esto puede tener en sus carreras, así como la importancia de la vigilancia en el cumplimiento de las normas antidopaje.



