Maximiliano Salas ha vuelto a ser protagonista de una situación controversial que ha encendido la furia de los hinchas de River Plate. En un reciente encuentro por los octavos de final del Torneo Apertura 2026, el delantero desató la indignación de los aficionados al propinar un pelotazo hacia la platea del estadio Monumental. Este incidente ocurrió tras un gol agónico de Juan Fernando Quintero, que había reavivado las esperanzas del equipo, y que resultó en una mezcla de euforia y descontento entre los seguidores del club.
El episodio tuvo lugar en los minutos finales del tiempo suplementario, cuando River se encontraba perdiendo 2-1 y enfrentaba la inminente eliminación del torneo. Quintero, en un momento de brillantez, logró anotar un gol que forzó la definición por penales, generando un estallido de alegría colectiva. Sin embargo, en medio de la celebración, las cámaras captaron a Salas tomando una pelota de uno de los conos que reemplazan a los alcanzapelotas y disparándola con fuerza hacia la tribuna. Aunque el balón impactó en una pared sin causar daños a los espectadores, el acto fue suficiente para que los hinchas reaccionaran con insultos, y la indignación se propagara rápidamente en las redes sociales.
La actitud de Salas no sorprendió a quienes han seguido su trayectoria en el club, ya que su rendimiento ha sido irregular en la presente temporada. Desde la llegada del nuevo director técnico, Eduardo Coudet, el delantero correntino ha tenido escasas oportunidades, acumulando solo cuatro titularidades. Su falta de gol se ha notado, ya que había estado sin marcar durante 19 partidos, hasta que finalmente rompió esa mala racha en la fecha 12 del torneo, anotando ante Estudiantes de Río Cuarto. A pesar de haber convertido su penal en la definición contra San Lorenzo, la hinchada no ha perdonado su gesto desafortunado.
En la misma noche del partido, otro momento polémico fue protagonizado por Quintero, quien celebró su gol con un gesto de enojo hacia la platea. Minutos antes, una parte del público había coreado consignas en contra del equipo, pidiendo la salida de los jugadores. Este ambiente tenso culminó en un festejo que, aunque emotivo, estuvo cargado de descontento, lo que generó una conexión intensa entre el jugador y los hinchas. En declaraciones posteriores, Quintero expresó lo que sentía en ese momento, visiblemente afectado por el reclamo popular. Su capacidad de empatizar con la afición ayudó a calmar las aguas, a diferencia del atacante correntino.
La diferencia de reacciones entre los dos jugadores es significativa. Mientras que la hinchada rápidamente perdonó a Quintero gracias a su gol salvador y su emotivo discurso, el caso de Salas ha dejado más interrogantes que certezas. La historia del delantero es un recordatorio de lo volátil que puede ser la relación entre un jugador y la afición, especialmente en un club tan grande y con tanta historia como River Plate. La presión sobre los jugadores es intensa, y cualquier desliz puede tener repercusiones duraderas en la percepción del aficionado.
El futuro de Salas en el club se presenta incierto. La hinchada, que espera más de un jugador que ha mostrado destellos de calidad en el pasado, no está dispuesta a tolerar actitudes que consideran irrespetuosas, especialmente en momentos de crisis. La situación actual pone de manifiesto cómo los deportistas deben manejar tanto la presión del rendimiento en el campo como la relación con los aficionados, quienes son el alma del club. La pregunta que queda en el aire es si Salas podrá recuperar la confianza de la hinchada y encontrar su lugar en el equipo bajo la dirección de Coudet, o si este episodio marcará el final de su etapa en River.



