Claudio Paul Caniggia se convirtió en un ícono del fútbol argentino, un jugador que supo brillar con la camiseta de la selección nacional. Su trayectoria, marcada por dos títulos de la Copa América en 1991 y 1993 junto a Gabriel Batistuta, es recordada por momentos inolvidables, como su gol ante Brasil en el Mundial de 1990, una obra maestra que quedará grabada en la memoria del deporte argentino. Sin embargo, en el mundo del ajedrez, un nuevo talento comienza a cobrar protagonismo y no es otro que Luciano Curcio, un joven de 14 años que ya ha sido apodado “el Caniggia del ajedrez” por su melena rubia y su estilo en el tablero.
Luciano, aunque todavía está dando sus primeros pasos en la competición, ha demostrado que su habilidad en el ajedrez es notable. En el reciente Campeonato Argentino Sub 16, celebrado en Villa Martelli, logró un destacado segundo puesto, quedando a solo medio punto del campeón. Este resultado lo coloca en el foco de atención, especialmente considerando que se enfrenta a rivales que son dos años mayores que él. En el ranking nacional de jugadores Sub 15, publicado en abril, Curcio ocupa el tercer lugar, detrás de dos destacados ajedrecistas: Faustino Oro e Ilan Schnaider, quienes son considerados prodigios en la disciplina.
A pesar de su dedicación al ajedrez, Luciano Curcio no se limita a una sola actividad. Su vida es un auténtico torbellino de deportes y estudios. Además de jugar al ajedrez, participa activamente en hockey sobre césped y fútbol, y ha alcanzado el cinturón negro en taekwondo. Este joven prodigio también se encuentra cursando su segundo año de secundaria, lo que demuestra su capacidad para equilibrar múltiples responsabilidades. Su jornada parece estirarse al máximo, como si tuviera un día de 48 horas.
El interés de Luciano por el ajedrez comenzó a muy temprana edad, específicamente a los siete años. Su madre, quien es docente, le habló de un profesor de ajedrez en su escuela, lo que despertó su curiosidad. El maestro en cuestión, Diego Sumic, no solo lo introdujo en el juego, sino que también le proporcionó recursos como videos y libros para que pudiera aprender desde casa. Desde entonces, su pasión por el ajedrez ha sido inquebrantable, dedicando horas a estudiar y jugar, incluso durante el confinamiento por la pandemia.
Durante su trayectoria escolar, Luciano comenzó a participar en torneos de ajedrez en la Ciudad de Buenos Aires, al mismo tiempo que se destacó como arquero de fútbol en el Club Pedro Echagüe. La llegada de la pandemia no detuvo su avance; por el contrario, aprovechó el tiempo para profundizar sus conocimientos en ajedrez, llegando a estudiar entre cinco y ocho horas diarias. La combinación de su dedicación y talento pronto dio frutos, logrando múltiples títulos en torneos y un décimo puesto en su primer Campeonato Argentino.
El reconocimiento a su talento no tardó en llegar. En cuarto grado, Luciano ya había conquistado siete campeonatos, y su desempeño en el ajedrez llamó la atención del Maestro FIDE Marcelo Reides, quien lo invitó a unirse a la escuela de ajedrez Roberto Grau en Morón. Esta invitación representa un paso significativo en su carrera, mostrando que su potencial es reconocido por expertos en la materia. Con un futuro prometedor por delante, Luciano Curcio se perfila como una de las grandes promesas del ajedrez argentino, un joven que no solo busca dejar su huella en el tablero, sino que también se convierte en un referente para las nuevas generaciones.



