La historia de Diego Maradona sigue siendo un tema de conversación recurrente entre los amantes del fútbol, y en esta ocasión, Esteban Fernando González, conocido como el Gallego, compartió detalles fascinantes sobre su experiencia al tener al astro del fútbol viviendo en su casa durante seis días. González, un delantero emblemático que dejó su huella en clubes como Ferro Carril Oeste, Vélez y San Lorenzo, relató esta singular anécdota durante un programa de streaming llamado "Hoy no juega Ferro", donde también aprovechó para reconciliarse con los hinchas que guardaban rencor por un gol que anotó en un partido que dejó cicatrices.
El relato de González inicia en un encuentro en la casa de Oscar Ruggeri, donde se presentó la oportunidad de conocer a Maradona. Junto a otros futbolistas como Claudio Caniggia y Sergio Goycochea, el Gallego recuerda la emoción de compartir espacio con el ícono del fútbol argentino y cómo ese momento impactó a su familia. “Yo le decía a mi papá, ‘es Maradona’, y él, como si nada, solo quería comer tranquilo, sin prestar atención a mi asombro”, comentó el exjugador, reflejando una conexión que se extendió más allá del fútbol.
La llegada de Diego a su hogar fue inesperada. Tras una llamada donde le mencionó que necesitaba refugio, González se mostró sorprendido pero a la vez emocionado. “Me dijo que iba a quedarse unos días porque no estaba en su casa. Yo le respondí que era imposible que estuviera ausente por tanto tiempo”, relató. Este episodio encapsula la esencia del hombre detrás del mito, quien, a pesar de ser una figura mundialmente reconocida, buscaba momentos de normalidad y tranquilidad.
Durante esos días, la convivencia con Maradona fue un torbellino de emociones y anécdotas. “Comía, jugaba con una pelota y le hacía trucos a mi hijo”, contó González, quien recordó cómo su pequeño, Fernando, quedó maravillado al ver las habilidades del Diez. La imagen de Diego en su casa, haciendo malabares con el balón y generando sonrisas en su hijo, es un retrato del lado más humano de una leyenda del deporte.
Sin embargo, la anécdota no se detiene ahí. El Gallego narró una situación cómica que ocurrió una noche en su bar. Mientras un par de clientes disfrutaban de un café, recibió una inesperada llamada de Diego. “Me dijo: ‘¿Qué hacés botón?’, y yo le respondí confundido, pensando que era una broma. Pero era él, queriendo que lo visitara”, recuerda. Esta interacción revela no solo la cercanía entre ambos, sino también el sentido del humor que caracterizaba a Maradona en su vida cotidiana.
Finalmente, González reflexiona sobre el impacto que tuvo esa experiencia en su vida. La figura de Maradona trasciende las canchas y se convierte en un símbolo de amistad y camaradería. “Recordar esos días es revivir momentos increíbles que me marcaron para siempre”, concluyó, dejando claro que, más allá de su legado futbolístico, Diego era una persona que buscaba conexión y alegría en cada rincón de su vida. Las historias como las de González son un recordatorio de que detrás de cada ícono hay un ser humano con anhelos, risas y recuerdos que perduran en el tiempo.


