Marcelo Gallardo se ubicó frente al banco de suplentes al inicio del segundo tiempo contra Vélez, pero su mente ya había dejado de ser parte del equipo. A pesar de estar físicamente presente, con las manos en los bolsillos y planteando cambios para buscar el empate, su confianza se había desvanecido. Una mezcla de frustración y resignación invadió el ambiente, y durante el entretiempo, los ecos de sus gritos resonaron en el vestuario, resultado de un primer tiempo que él mismo calificó como insatisfactorio. La reacción del equipo en el segundo tiempo fue más un reflejo de la vergüenza y el cansancio del rival que de un cambio real en su rendimiento.
Tras otra derrota significativa, Gallardo tomó la decisión de cancelar la conferencia de prensa, compartiendo con una persona cercana su desánimo: "No veo respuestas". Poco después, se difundió que había solicitado 24 horas para reflexionar sobre su futuro. En el fondo, Gallardo ya había tomado la determinación de abandonar su cargo en la sexta fecha del torneo, sintiendo que había agotado todas sus opciones, una situación que contrastaba con los logros pasados que había cosechado en su carrera.
A pesar de su salida, Gallardo permanecerá en la memoria de los hinchas como un ícono del club, habiéndose consagrado como un entrenador destacado tras su exitosa trayectoria como futbolista. En su regreso al club, el amor de la hinchada se renovó, especialmente tras la victoria en la final contra Boca en Madrid. Sin embargo, su segundo ciclo estuvo marcado por frustraciones, ya que no logró conquistar ninguno de los diez títulos disputados y quedó eliminado de la Copa Libertadores 2026. La falta de carácter en el equipo fue un punto crítico en su análisis, evidenciado en el alarmante dato de que River no logró ganar en ninguno de los 19 partidos en los que comenzó perdiendo. La ausencia de líderes fuertes en el plantel ha sido señalada como una de las causas de estos fracasos, lo que deja un vacío difícil de llenar para el próximo entrenador.



