El gobierno de Corea del Norte ha emitido un llamado a la población para mantener un "alto grado de alerta" frente a la llegada del tifón Bavi, que ha sido catalogado como tormenta tropical tras haber perdido parte de su fuerza. Esta advertencia se da en un contexto donde el país enfrenta un riesgo significativo de inundaciones, lo que añade un nivel de preocupación adicional en una nación que ya sufre por diversas crisis económicas y humanitarias. Las condiciones meteorológicas adversas se prevén hasta el miércoles, y las autoridades han instado a todos los sectores a prepararse para la inminente llegada de lluvias intensas y vientos fuertes.
El diario estatal Rodong Sinmun, portavoz del régimen, enfatizó la gravedad de la situación, instando a mantener una vigilancia constante en todas las regiones y sectores del país. Se anticipa que las provincias de Pyongan del Norte y Jagang, que comparten frontera con China, así como varias áreas del centro y sur de Corea del Norte, podrían registrar precipitaciones que van de 80 a 120 milímetros. Esta cantidad de lluvia puede ser devastadora para una nación con infraestructuras ya deterioradas y una agricultura que depende en gran medida de condiciones climáticas favorables.
La agencia meteorológica norcoreana ha emitido pronósticos que sugieren que el tifón podría causar acumulaciones de lluvia incluso más severas, alcanzando entre 150 y 200 milímetros en algunas zonas de Pyongan del Norte y del Sur. Además, se prevé que la velocidad de los vientos oscile entre 36 y 54 kilómetros por hora, con ráfagas que podrían llegar a los 72 kilómetros por hora, lo que podría causar daños en edificaciones y en la red eléctrica. La combinación de fuertes lluvias y vientos intensos representa un desafío considerable para un país que ya ha enfrentado desastres naturales en el pasado.
El tifón Bavi, que ha causado estragos en su paso por China, ha llevado a la evacuación de más de 171.000 personas en la provincia de Liaoning. Este escenario ha hecho que las autoridades chinas activen alertas en las regiones del este y noreste del país, donde los efectos del tifón han sido notables. Esta situación subraya la vulnerabilidad de la región frente a fenómenos meteorológicos extremos, y la necesidad de una respuesta ágil y efectiva por parte de los gobiernos involucrados.
Corea del Norte es particularmente susceptible a las inclemencias del tiempo. En el año 2024, el país ya había enfrentado serios problemas debido a inundaciones que afectaron a miles de hogares y cultivos, lo que llevó a la evacuación de más de 5.000 personas en Pyongan del Norte. En ese momento, informes de medios surcoreanos hablaban de bajas humanas significativas, estimando entre 1.000 y 1.500 muertos o desaparecidos, cifras que fueron desmentidas por el líder norcoreano, Kim Jong-un, quien trató de minimizar la magnitud de la crisis.
A medida que avanza la tormenta Bavi, la comunidad internacional observa con atención la evolución de los acontecimientos en Corea del Norte. La respuesta del régimen ante las adversidades naturales es un tema recurrente de análisis, dado que la falta de recursos y una infraestructura deficiente complican cualquier esfuerzo de recuperación. En este contexto, el llamado a la alerta máxima refleja no solo la preocupación por la seguridad de la población, sino también la fragilidad del sistema que intenta gestionar estas crisis en medio de un creciente aislamiento internacional y presiones económicas.



