El envejecimiento, un proceso natural de la vida, ha comenzado a ser debatido en el ámbito científico y social como si fuese una enfermedad. El concepto de clasificar la vejez de esta manera ha generado una ola de controversias, especialmente entre los biogerontólogos, quienes argumentan que considerarla patológica podría abrir nuevas avenidas de investigación. Este enfoque podría cambiar la forma en que se estudian y tratan las enfermedades relacionadas con la edad, permitiendo un enfoque más proactivo y menos reactivo en la atención a las personas mayores.
El término "vejez" fue propuesto recientemente por la Organización Mundial de la Salud para sustituir a "senilidad" en la Clasificación Internacional de Enfermedades de 2022. Esta decisión, sin embargo, no estuvo exenta de polémica, ya que muchos en la sociedad aún ven el envejecimiento y a las personas mayores como un lastre. En un contexto donde la juventud se idolatra y lo efímero se valora por encima de lo duradero, la percepción social sobre el envejecimiento se convierte en un tema delicado y complejo, reflejando una cultura que lucha por aceptar la naturalidad de este proceso vital.
Particularmente en Estados Unidos, la obsesión por la juventud y la negación de la muerte han alcanzado niveles casi religiosos. En una sociedad marcada por la individualidad y el consumismo, donde el crecimiento del capital es el principal motor, el envejecimiento se ve como un fenómeno a evitar a toda costa. La crisis de salud pública provocada por la pandemia de COVID-19, que afectó desproporcionadamente a la población mayor, ha puesto de relieve la necesidad de replantear nuestra relación con el envejecimiento y la muerte. Más de 1,2 millones de estadounidenses perdieron la vida a consecuencia de este virus, y este hecho no ha llevado a una reflexión profunda sobre el significado de vivir y envejecer en una sociedad que tiende a marginar a los mayores.
En este contexto, Lucy Schiller, en su obra "Aging Out: An Exploration of Caregiving, Community, and How Americans Grow Old", busca llenar un vacío crítico en la conversación sobre la vejez. Tras la muerte de su abuela paterna, quien contrajo COVID-19 de una cuidadora, la autora se encuentra en una encrucijada emocional y reflexiona sobre los significados de la muerte en la era contemporánea. Su confusión ante la pérdida se entrelaza con preguntas profundas sobre la vida, el envejecimiento y la muerte, lo que la lleva a cuestionar cómo enfrentar el duelo en un mundo que a menudo evita estas realidades.
Los relatos de Schiller sobre su abuela, a quien no llegó a conocer en vida, son particularmente conmovedores. A través de su experiencia personal, la autora conecta con un contexto más amplio, explorando la naturaleza del cuidado y la comunidad en torno a los ancianos. Su narrativa combina elementos autobiográficos con un análisis del sector de atención a largo plazo, resaltando tanto las virtudes como las deficiencias del sistema. A través de retratos de personajes como Maggie Kuhn, activista y fundadora de los Panteras Grises, Schiller pone de manifiesto la lucha por los derechos de los mayores, al mismo tiempo que critica a las instituciones que se aprovechan de la vulnerabilidad de sus usuarios.
A pesar de su juventud, Schiller aborda temas que suelen ser tabú en la sociedad contemporánea. Su obra invita a una reflexión necesaria sobre cómo vemos y tratamos a las personas mayores, así como sobre el papel que desempeñamos en el cuidado de nuestros mayores. La negación de la muerte y la obsesión por la juventud no solo afectan a quienes están envejeciendo, sino que también modelan la manera en que las generaciones más jóvenes perciben el ciclo de vida. Al abrir este diálogo, se nos ofrece la oportunidad de reexaminar nuestras propias creencias y actitudes hacia el envejecimiento y la muerte en un mundo que a menudo parece rehuir estas realidades inevitables.



