Durante el Mundial 2026, muchos argentinos sintieron que la discusión dejó de concentrarse en el desempeño de la selección y pasó a señalar a todo el país. Así lo plantea Santiago Lucero, quien sostiene que los argentinos fueron definidos como “tramposos, ladrones o incluso racistas”, en lugar de ser juzgados únicamente por su manera de jugar. Según su reflexión, la crítica ya no se dirigía a determinadas jugadas o conductas, sino a una identidad colectiva.
Lucero advierte que, cuando un relato se instala, los hechos pueden quedar relegados. En ese marco, plantea que una victoria puede ser atribuida a una trampa, una protesta interpretada como soberbia y una derrota presentada como un castigo merecido. Para el lector, esa experiencia excede al fútbol porque se parece a la que atraviesan muchas personas cuando son prejuzgadas, criticadas o acosadas por su religión, su color de piel, su nacionalidad, su orientación sexual o sus creencias.
La carta propone distinguir entre cuestionar una conducta y condenar a una comunidad o a un pueblo entero. La próxima Copa del Mundo se disputará dentro de cuatro años y, según Lucero, ese plazo servirá para que los países preparen mejores equipos. También expresa el deseo de que quienes no participan en la cancha aprovechen ese tiempo para convertirse en mejores personas y recuerden lo que se siente cuando el prejuicio recae sobre la propia identidad.



