Carlos Rottemberg acaba de publicar “Pasen y Lean”, un libro en el que recupera experiencias y testimonios vinculados con su trayectoria como teatrista. Entre los recuerdos que presenta aparece una serie de recomendaciones que Alejandro Romay le hizo cuando era joven y que, con el tiempo, adquirieron un particular valor para analizar la toma de decisiones en una actividad marcada por la incertidumbre.

Según relata Rottemberg, Romay le aconsejó ser dueño de más de un teatro, no producir directamente, no aceptar una participación inferior al 30% de la taquilla por su aporte y no bajar nunca a los camarines. Esta última recomendación también coincide con una conducta que Rodolfo D’Onofrio, expresidente de River Plate, aplicaba en el ámbito del fútbol: nunca se metía en los vestuarios.

El primer consejo está relacionado con el riesgo propio de cada obra teatral. La posibilidad de que una producción tenga resultados muy diferentes de otra vuelve conveniente distribuir la actividad entre varias salas, para reducir la volatilidad del resultado conjunto y evitar que todo dependa de una única apuesta. La lógica podría resumirse en la expresión “no poner todos los huevos en una misma gallina”.

Sin embargo, si reducir la incertidumbre fuera el único criterio, la diversificación podría llevarse mucho más lejos: Romay debería haberle sugerido a Rottemberg tener teatros en la Argentina y en Polonia o destinar parte de su actividad a una industria completamente distinta, como la fabricación de ravioles. Ante esa posibilidad, Rottemberg podría responder, tal como aparece en el libro: “En el teatro hay que estar de manera presencial y producir ravioles, no sé”.

El caso también permite observar que los agregados no son una cuestión exclusiva del análisis macroeconómico. Rottemberg no vende abonos, sino localidades para cada función, por lo que el desempeño de su actividad se pone a prueba todos los días. Esa particularidad convierte cada representación en una instancia concreta de decisión y resultado, dentro de un negocio cuya incertidumbre no desaparece, pero puede administrarse mediante la escala y la diversificación.