Kandahar, Afganistán.— Una niña lee concentrada en las páginas de un libro, con la mirada baja y cubierta por un hiyab verde. La escena, registrada en una escuela, expone la fragilidad de un derecho que para millones de chicos y chicas en el mundo forma parte de la vida cotidiana: acceder a la educación y leer.

Desde el regreso de los talibanes al poder, en agosto de 2021, las mujeres tienen prohibido asistir a la educación secundaria y universitaria. En ese contexto, la niña de la imagen puede concurrir a la escuela únicamente hasta los 12 o 13 años. Después de esa edad, su acceso a la formación quedará bloqueado y su futuro se verá limitado por una prohibición que impide continuar los estudios.

La posibilidad de tener un libro entre las manos, asistir a clases y aprender puede parecer una rutina o incluso un placer menor en gran parte del mundo. Para esta niña, sin embargo, leer en la escuela representa un privilegio con fecha de vencimiento. Lo que para otros niños y niñas resulta natural se convierte, en Afganistán, en una forma de resistencia frente a las restricciones impuestas a la educación de las mujeres.