A Sícilo se le murió su esposa, Euterpe, un nombre asociado con una de las nueve musas, hijas de la memoria. Como despedida y muestra de fidelidad, le dedicó una estela de mármol con forma de pilar, destinada a descansar sobre sus restos. Antes de grabar el poema, dejó escrita una breve introducción para explicar el sentido de la pieza: “Soy una imagen de piedra —dice la piedra en la introducción—. Sícilo me puso aquí como señal de recuerdo”.

A continuación, el hombre talló un mensaje dirigido a quienes se detuvieran frente al monumento: “¡Mientras vivas, brilla!”. El verso propone aprovechar el presente y buscar la felicidad, antes de advertir: “No sufras por nada, que la vida dura poco, que el tiempo exige un fin”. El nombre de Euterpe, además, le permitió vincular la despedida con la música: en honor de la deidad que inspira a los músicos, Sícilo también grabó una melodía en la piedra.

Nada más se conoce sobre la pareja, sus penas o el amor que los unió en la Grecia antigua, alrededor de cien años después de Cristo. La estela reapareció diecisiete siglos más tarde, en 1883. Existen dos teorías sobre su descubrimiento; una atribuye el hallazgo al arqueólogo escocés William Mitchell Ramsay, quien la habría encontrado durante excavaciones en la región de Tralles, la actual Turquía, y registrado sus características en una publicación científica. La pieza fue descrita como una columna cilíndrica de mármol, de 61 centímetros de altura y 25 de diámetro, con letras mayúsculas y un poema esculpido horizontalmente.