Este año marca el centenario de la publicación de "El juguete rabioso", la emblemática novela de Roberto Arlt, una obra que ha sido fundamental en la construcción de la literatura argentina. Sin embargo, este hito ha quedado un tanto opacado por los tributos rendidos a Jorge Luis Borges, quien cumple 40 años de su fallecimiento. Esta coincidencia temporal plantea un interrogante sobre la atención que recibe Arlt en comparación con Borges, a pesar de que ambos autores han dejado una huella indeleble en la cultura nacional y en el panorama literario de Latinoamérica.
La figura de Arlt, quien nació en el barrio de Flores en 1900, se convierte en un punto de tensión en el discurso literario argentino. Proveniente de una familia de inmigrantes con escasos recursos, Arlt tuvo una vida marcada por la marginalidad y el desarraigo, características que se reflejan en su obra. A pesar de su muerte en 1942, en una pensión humilde de Belgrano y con un reconocimiento limitado en su momento, su legado ha crecido con el tiempo, convirtiéndose en uno de los pilares de la narrativa latinoamericana. La obra de Arlt, especialmente "El juguete rabioso", es considerada una representación fiel de la realidad urbana argentina, llena de violencia y desesperanza.
Carlos Fuentes, destacado autor mexicano, subrayó la importancia de Arlt al afirmar que "la novela latinoamericana nace de una realidad desgarrada, urbana, violenta… en la que Arlt es uno de sus primeros testigos". Esta declaración invita a una reflexión profunda sobre el papel que desempeñó Arlt en la literatura, no solo como un narrador de historias, sino como un observador crítico de la sociedad de su tiempo. Su enfoque en las periferias y en las voces marginales de la ciudad ha resonado con las generaciones posteriores, quienes encuentran en su obra un espejo de las luchas contemporáneas.
Durante su carrera, Arlt se relacionó con el grupo Boedo y participó en los debates literarios de su época, aunque su postura fue malinterpretada por algunos sectores que lo tildaron de antipopular y fascista. Esta acusación, en el contexto de la doctrina Zhdánov promovida por el Kominform de la URSS, revela las tensiones ideológicas que marcaban la producción artística en el siglo XX. Arlt, al explorar las luchas de los más desposeídos y al criticar las estructuras de poder, se encontró en una posición incómoda, a menudo rechazada por la elite cultural que debería haberlo respaldado.
En la década de 1950, la situación de la obra de Arlt era alarmante: su literatura se había vuelto prácticamente inhallable. Sin embargo, la figura de Raúl Larra emerge como crucial en el rescate de su legado. En 1950, Larra fundó la editorial Futuro con el propósito de revalorizar la obra de Arlt. No solo se dedicó a reeditar sus novelas, sino que también escribió una biografía influyente, "Roberto Arlt, el torturado", que ha perdurado en el tiempo como una referencia esencial para entender su vida y su obra.
La labor de Larra y otros intelectuales de la época, como David Viñas, fue fundamental para rescatar a Arlt del olvido. Ambos autores, al distanciarse del dogmatismo comunista, encontraron en el justicialismo un terreno fértil para nutrir sus ideas y promover una izquierda más inclusiva. Este cambio de paradigma en el pensamiento político y cultural de Argentina permitió que la obra de Arlt fuera redescubierta y apreciada por nuevas generaciones de lectores, quienes reconocen en sus páginas las luchas y el sufrimiento de aquellos que habitan en los márgenes de la sociedad.



