Una mujer de 94 años ha recuperado la propiedad de su vivienda en Chascomús luego de que un fallo judicial revocara la donación que había realizado a favor de dos vecinos. La decisión se basa en evidencias de incumplimiento por parte de los beneficiarios, quienes no solo fallaron en brindar el acompañamiento acordado, sino que además la dejaron en una situación de abandono en un geriátrico.
La Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Dolores determinó que existió una clara “ingratitud” por parte de los donatarios, quienes no cumplieron con su deber de cuidar y asistir a la anciana en su vejez. Este caso pone de manifiesto la importancia de las relaciones interpersonales y las obligaciones que surgen de los contratos, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como la que atraviesa esta mujer que no cuenta con familiares cercanos.
La anciana había donado su casa a J. L. y su pareja, F. C., bajo la promesa de que se encargarían de su bienestar. Sin embargo, tras un periodo de apoyo inicial en el que J. L. le ayudó con tareas domésticas y gestión de su jubilación, la situación cambió drásticamente. Convencieron a la mujer de mudarse a un geriátrico, donde, lejos de brindarle el cuidado prometido, la aislaron de sus amistades y familiares, lo que generó un deterioro en su estado emocional y físico.
En su testimonio, la mujer relató cómo sus condiciones de vida en el geriátrico se volvieron insoportables, con desatención y hasta maltratos por parte del personal. Ante esta grave situación, un grupo de amigas decidió intervenir y logró sacarla del geriátrico, llevándola a vivir con una de ellas. Este cambio ha permitido que la mujer recupere parte de su autonomía y dignidad, rodeándose de personas que la cuidan y respetan.
La demanda inicial de la mujer no solo buscaba la revocación de la donación por ingratitud, sino que también requería una cuota alimentaria de los beneficiarios. Sin embargo, estos se negaron a asumir la responsabilidad, lo que llevó a la anciana a presentar una carta documento y, posteriormente, una acción judicial. La situación económica de la mujer es precaria, y su lucha por recibir el cuidado adecuado ha sido intensa y desgastante.
El fallo judicial subraya que las obligaciones de cuidado no pueden ser consideradas de manera superficial; requieren un compromiso activo y continuo. Los jueces señalaron que el hecho de que la anciana fuera trasladada a un geriátrico sin el acompañamiento adecuado por parte de quienes recibieron su propiedad es una clara violación del contrato de donación. La decisión también resalta la importancia de mantener la dignidad y el respeto hacia las personas mayores, especialmente en un contexto donde la vulnerabilidad es extrema.
Este caso no solo revela la situación de una mujer que ha sido víctima de un incumplimiento de deberes familiares y sociales, sino que también pone en evidencia la necesidad de reformar los mecanismos de protección hacia los adultos mayores en Argentina. La justicia, al revocar la donación, no solo ha restituido un bien material, sino que ha reafirmado el compromiso social de cuidar a quienes, por su edad y circunstancias, requieren un apoyo genuino y constante. La historia de esta mujer es un llamado a la reflexión sobre cómo tratamos a nuestros mayores y las obligaciones que asumimos en el momento de brindarles ayuda y compañía.



