Diversas consultoras y analistas económicos han realizado proyecciones que sugieren que la inflación de junio se mantendría por debajo del 2% mensual. Esta estimación se produce tras un incremento del 2,1% registrado en mayo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). La desaceleración en la inflación se atribuye a una dinámica más contenida en los precios durante las primeras semanas del mes en curso, favorecida por un menor aumento en los rubros regulados y una relativa estabilidad en el sector alimentario.

La consultora C&T Asesores Económicos ha señalado que en los primeros días de junio hubo incrementos moderados en los precios de servicios públicos, transporte y medicina prepaga. En el rubro de alimentos y bebidas, las verduras presentaron un comportamiento más estable, mientras que las carnes sufrieron una presión alcista más pronunciada. Este panorama sugiere que, aunque hay elementos que apuntan a una desaceleración, ciertos sectores aún enfrentan desafíos significativos que podrían impactar en el índice general de precios.

Por su parte, EcoGo ha estimado una inflación del 1,9% para junio, apoyándose en factores estacionales y en el aumento de subsidios estatales. Sebastián Menescaldi, director de la firma, destacó que la decisión de YPF de mantener los precios de los combustibles sin cambios ha contribuido a evitar presiones adicionales sobre el índice inflacionario. Esta medida ha sido clave en un contexto en el que cualquier aumento inesperado en los combustibles podría haber desestabilizado la tendencia observada en los precios.

En consonancia con estas proyecciones, la firma Equilibra ha reportado una menor velocidad en el avance de los precios, atribuida a la absorción del shock internacional y a una estabilidad en el mercado de la carne. Sin embargo, las consultoras Econviews e Invecq han adoptado un enfoque más cauteloso, advirtiendo que los datos positivos actuales no son suficientes para garantizar que el proceso inflacionario esté completamente controlado. Esto subraya la complejidad de la situación económica actual y la necesidad de un análisis más profundo de las variables en juego.

Un aspecto a considerar es que el repunte de los precios de los alimentos se produce tras un dato de mayo que había sido interpretado como alentador por parte del mercado. El INDEC reportó una inflación mensual de 2,1%, lo que representa una desaceleración de 0,5 puntos porcentuales respecto a abril y un acumulado interanual de 33,2%. Esta baja en el índice general se ha explicado, en gran medida, por la moderación en los precios regulados, que habían alcanzado casi un 5% en marzo y abril, descendiendo a 2,4% en mayo.

Además, se observó una mejora en la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales. Este indicador se situó en 1,9% mensual, marcando el nivel más bajo del año y sugiriendo una disminución en la inercia de la tendencia inflacionaria. Sin embargo, no se puede pasar por alto que los precios estacionales han tenido un efecto negativo, con un aumento del 3,5% en este rubro, impulsado principalmente por el fuerte incremento en los precios de las verduras, que llegaron a ascender casi un 19% en el Gran Buenos Aires.

Para los próximos meses, la consultora LCG también prevé que la inflación se mantenga alrededor del 2% mensual, apoyándose en el ancla cambiaria, la apertura comercial y una actividad económica que aún no genera presiones de demanda significativas. No obstante, la continuidad del proceso de desinflación requerirá más que una estricta disciplina fiscal y monetaria. La coordinación de expectativas, la dinámica de las remarcaciones y la gestión de los ajustes pendientes serán elementos cruciales para evitar nuevos saltos en el índice inflacionario.