El escultor uruguayo Pablo Atchugarry ha hecho su esperado regreso a Roma con una exposición antológica titulada "Scolpire la luce" (Esculpir la luz), la cual está siendo exhibida en la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo (GNAMC). Esta muestra, que reúne un total de cincuenta y cinco obras, ofrece un recorrido por los últimos treinta años de la carrera de Atchugarry, destacando su maestría en la manipulación de materiales y su singular visión artística. La exposición estará abierta al público hasta el 21 de junio, brindando a los visitantes la oportunidad de sumergirse en el universo creativo de este destacado artista uruguayo.
El título de la exposición no es casualidad; Atchugarry explica que la luz juega un papel fundamental en su trabajo. En una reciente entrevista, el artista de Montevideo, nacido en 1954, manifestó que "la luz es la parte más importante de mi obra porque la escultura vive a través de la luz". Esta visión lo lleva a explorar cómo la interacción de la luz con sus esculturas puede crear diferentes efectos visuales, jugando con claroscuros y profundidades que transforman la percepción del espectador. Al respecto, el escultor busca que la luz se convierta en el verdadero protagonista de sus piezas.
La exposición se presenta como un viaje metamórfico que explora la versatilidad de la escultura, utilizando materiales clásicos como el mármol de Carrara, conocido por su uso en obras maestras de artistas como Bernini y Miguel Ángel. Además, Atchugarry incorpora mármol negro de Bélgica, mármol rosa de Portugal, alabastro de Volterra y madera de olivos centenarios, cada uno aportando su propia narrativa. Para el artista, el proceso de esculpir es una defensa de la artesanía pura y del contacto físico con la materia, algo que considera esencial en un mundo donde la tecnología y la inteligencia artificial están ganando terreno en el ámbito artístico.
En este sentido, Atchugarry expresa su preocupación por la creciente dependencia de los artistas en herramientas tecnológicas como robots y máquinas de control numérico. "Se pierde el contacto directo con la obra", lamenta el escultor, quien muestra con orgullo las marcas en sus manos, testimonio de su dedicación y esfuerzo en cada creación. Para él, el verdadero arte surge de la interacción con la materia, donde el artista se convierte en un descubridor que se deja guiar por las propiedades del material, lo que le permite realizar cambios y ajustes durante el proceso creativo.
Gabriele Simongini, quien actúa como comisario de la muestra, también ha compartido su perspectiva sobre el trabajo de Atchugarry. Según Simongini, el enfoque principal del artista radica en la "escultura biomórfica", un estilo que emula las formas y el crecimiento de la naturaleza. Este enfoque busca transmitir un mensaje sobre la importancia de que la humanidad respete su entorno y busque una integración armónica con la naturaleza, un tema que se vuelve cada vez más relevante en la actualidad.
Además, Simongini destaca la capacidad de Atchugarry para adaptar su mensaje según el material que utiliza. En sus obras en mármol, busca resaltar la luminosidad interna, mientras que en sus bronces pintados se adentra en la modernidad con formas más aerodinámicas. Sus esculturas de acero actúan como espejos que reflejan al espectador y su entorno, y las tallas en madera de olivo se caracterizan por respetar siempre las formas espontáneas de los troncos, creando un diálogo entre la obra y su origen natural. La exposición de Atchugarry no solo es un testimonio de su trayectoria, sino también un llamado a la reflexión sobre la relación del ser humano con su entorno y la importancia de preservar el arte en su forma más pura.


