La Bienal de Venecia se prepara para recibir una propuesta artística única, de la mano del artista Matías Duville, quien lidera el pabellón argentino. Su obra, titulada Monitor Yin Yang, se presenta como una "mini ópera" que no solo invita a explorar un paisaje cambiante, sino que también desafía la percepción del espectador al incorporar elementos sonoros, lumínicos y atmosféricos. Con una estructura compuesta por treinta toneladas de sal y diversos tipos de carbón en polvo, la instalación se extiende por 500 metros cuadrados, transformando el espacio del Arsenale, conocido históricamente como uno de los astilleros más emblemáticos de Europa en la era preindustrial.

La elección de materiales por parte de Duville no es casual. "La sal evoca la inmensidad de los océanos, mientras que el carbón sugiere una conexión con la tierra, representando un mundo en cenizas", explicó el artista en una conversación reciente. Esta combinación de elementos contrasta fuertemente y refleja su interés por los "grandes territorios", donde el caos natural y el orden aparente coexisten. A través de su obra, Duville busca capturar la esencia del movimiento y la transformación, proponiendo una experiencia que va más allá de la simple observación.

El concepto de caos y orden se manifiesta de manera palpable en la obra, donde cada paso del visitante altera el paisaje. "Todo está ocurriendo en este espacio", afirma Duville, aludiendo a la dinámica constante de su instalación. La idea de que el caos puede ser percibido a nivel molecular se convierte en el hilo conductor de su trabajo, llevándolo a explorar cómo las escenas aparentemente estáticas pueden ser, en realidad, una serie de acciones interconectadas. Esta perspectiva invita a los espectadores a contemplar no solo lo que ven, sino también lo que no pueden observar de inmediato.

La logística detrás de la creación de Monitor Yin Yang fue compleja y requirió una cuidadosa planificación. Duville comenzó a trabajar en la instalación un mes antes de la apertura de la Bienal, enfrentando desafíos de seguridad y distribución debido al uso de sal y carbón en cantidades industriales. La meticulosidad en la selección de texturas y gramajes fue clave para lograr el efecto deseado, lo que demuestra el compromiso del artista con su visión creativa.

La Bienal de Venecia 2026, que se inaugurará el 9 de mayo y se extenderá hasta el 22 de noviembre, promete ser un espacio de reflexión y diálogo a través del arte contemporáneo. Duville propone que los visitantes caminen sobre una topografía transformable, donde su propio tránsito influirá en la obra, haciendo de cada visita una experiencia única. Esta interacción no solo redefine la relación entre el arte y el espectador, sino que también establece un diálogo con la historia de Venecia, un lugar donde la sal fue fundamental en el establecimiento de las primeras formas de comercio y sociedad.

A medida que se acerca la inauguración, la expectativa crece en torno a esta propuesta que busca una "fusión perfecta" entre los distintos elementos presentados. Duville ha logrado crear un espacio que invita a la exploración y a la reflexión sobre el caos y el orden, un territorio que los visitantes deberán conquistar, tanto mental como físicamente. En un mundo donde los cambios son la única constante, su obra se erige como un recordatorio de la impermanencia y la transformación que nos rodea, invitando a todos a ser parte de esta experiencia artística.