La directora argentina Lucrecia Martel se ha convertido en una voz crítica y reflexiva sobre la situación actual del mundo, especialmente en lo que respecta a la intersección entre la tecnología, el medio ambiente y la cultura. En su reciente visita a México, donde fue galardonada con la Medalla de la Cineteca Nacional 2026, Martel compartió su inquietud por el rumbo que está tomando la humanidad ante los desafíos ambientales y sociales que enfrenta. Según la cineasta, el regreso de la misión Artemis II a la Tierra, aunque fascinante, contrasta con la grave crisis ecológica que vivimos, lo que la lleva a cuestionar la validez de nuestras prioridades como sociedad.
Martel subraya que la aceleración de la tecnología y la voracidad del mercado han desdibujado nuestra visión sobre cómo debemos vivir en el planeta. "Es como si nos hubiéramos rendido ante un sistema que parece imparable", reflexiona. Ella considera que este desinterés por el futuro de la Tierra es alarmante, ya que, en su opinión, la falta de regulación estatal frente a las empresas tecnológicas ha contribuido a una fragmentación del tiempo y el espacio en el que habitamos. Para la cineasta, este momento de caos exige que quienes trabajan en el ámbito cultural actúen con urgencia y responsabilidad.
La cineasta, reconocida internacionalmente por películas como "Zama" y "La ciénaga", sostiene que el cine tiene el deber de ser un espejo de nuestra realidad, especialmente en tiempos de crisis. "Si los cineastas eligen ignorar lo que está sucediendo, perderán la oportunidad de ser parte de un momento significativo en la historia", advierte. Esta reflexión se convierte en un llamado a la acción para que los creadores de contenido sean conscientes de su papel en la sociedad, y se comprometan a utilizar su arte para abordar los problemas urgentes del presente.
Su nuevo trabajo, "Nuestra tierra", es un documental que se centra en la historia de la comunidad indígena chuschagasta y el asesinato de su líder, Javier Chocobar, en 2009. Martel utiliza esta narrativa para cuestionar la noción de naciones independientes, resaltando que muchas de estas se han construido a expensas del despojo y la violencia contra los pueblos originarios. "No podemos seguir pensando que somos naciones soberanas mientras existan comunidades indígenas luchando por sus tierras", argumenta la directora, quien ha dedicado 14 años a investigar y documentar este caso.
El asesinato de Chocobar, ocurrido en Tucumán, Argentina, fue un hecho que movilizó a la sociedad civil a nivel internacional, pero el proceso judicial se vio envuelto en demoras y falta de justicia. A pesar de que el crimen fue grabado y difundido, el juicio tardó casi una década en concretarse, un reflejo de la impunidad que afecta a muchas causas relacionadas con los derechos humanos. Martel ha recopilado más de 400 horas de filmación y miles de imágenes de archivo para contar esta historia, evidenciando la importancia de no subestimar el tiempo y los recursos necesarios para realizar un cine de profundidad.
La directora sostiene que es fundamental no caer en la trampa de ver el cine únicamente como un medio de entretenimiento. El arte cinematográfico tiene el potencial de crear conciencia, provocar cambios y, sobre todo, contar historias que merecen ser escuchadas. Al final, su compromiso con el cine y la cultura se traduce en una invitación a todos los creadores a involucrarse en el contexto actual, a reflexionar sobre su responsabilidad y a no perder de vista la urgencia de abordar los problemas que afectan a la humanidad en su conjunto. En palabras de Martel, "lo importante es que se haga cine en profundidad y valga la pena".



