La escritora surcoreana Han Kang, conocida mundialmente por su obra "La vegetariana", tuvo su primera experiencia literaria en español durante su visita a Buenos Aires en 2013. Esta ciudad, con su rica historia cultural y su vibrante vida literaria, se convirtió en un punto de inflexión en la carrera de Kang. Fue en el marco de la 39ª Feria Internacional del Libro, un evento que reúne a autores, editores y lectores de todo el mundo, donde la autora se presentó ante un público que aún no la conocía. Su obra fue publicada por la editorial independiente Bajo La Luna, que se atrevió a lanzar al mercado hispanohablante una voz que pronto resonaría en el ámbito literario global, especialmente tras ser galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2024.

En aquellos días de abril y mayo, la escritora se mostró tímida pero también cordial. Según relatos de quienes la conocieron, como la periodista Patricia Kolesnicov y el editor Miguel Balaguer, Kang parecía una figura introvertida, cautivada por la novedad de un entorno tan distinto al suyo. La comunicación, mediada por un traductor, revelaba su curiosidad y su asombro ante las preguntas del público, a las que respondía con un sorprendido "ohhh". Su presencia en la Feria no solo sirvió para presentar su obra, sino también para estrechar vínculos entre dos culturas tan diferentes como la argentina y la surcoreana.

Durante su estancia en Buenos Aires, Han Kang aprovechó cada momento libre para explorar la ciudad. Sus paseos por las calles porteñas le permitieron sumergirse en una atmósfera diferente, donde las raíces culturales de Argentina se entrelazaban con su propia identidad. La escritora, que ya contaba con una sólida carrera en Corea del Sur, disfrutó de la libertad de vagar por lugares emblemáticos y de absorber la esencia de una ciudad que, a pesar de las barreras lingüísticas y culturales, la invitaba a descubrirse a sí misma.

El contexto de su visita fue significativo: mientras en su país natal ya era reconocida, en Argentina se encontraba en un espacio de posibilidades. Su obra, que incluía relatos traducidos a otros idiomas como el polaco y el portugués, comenzaba a abrirse camino en un nuevo mercado literario. La llegada a Buenos Aires representaba una puerta hacia lo desconocido, un viaje hacia el encuentro de nuevas voces y experiencias literarias. Kang estaba trabajando en un nuevo poemario titulado "Guardé el anochecer en el cajón", el cual recopila poemas que reflejan sus vivencias en la ciudad, incluyendo doce que fueron inspirados durante su breve pero intenso paso por Argentina.

La relación de Kang con la literatura argentina no es casual. Su admiración por Jorge Luis Borges, quien aparece mencionado en su novela "La clase de griego", sugiere un profundo respeto por la tradición literaria del país. La búsqueda de una experiencia borgeana en Buenos Aires puede haber sido una de sus motivaciones, lo que se refleja en sus escritos. En "Guardé el anochecer en el cajón", la autora se hace eco de sus reflexiones sobre la identidad, el tiempo y la memoria, temas recurrentes en la obra de Borges. "Mañana por la mañana será el día / en que iré a la más lejana de las ciudades", escribe, dejando entrever su anhelo de conexión con el entorno que la rodea.

El poemario se divide en cinco secciones que abordan distintos aspectos de la experiencia humana, desde la naturaleza hasta la introspección más profunda. Sin embargo, son los poemas escritos durante su estancia en Argentina los que destacan por su singularidad; carentes de títulos independientes y numerados, revelan una estructura que invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y la transformación personal. A través de versos como "Dentro del espejo / me espera el invierno", Kang se adentra en el simbolismo y la metáfora, evocando la resonancia de la obra de Borges y la relación entre el autor y su entorno.

En conclusión, la visita de Han Kang a Buenos Aires no solo marcó un hito en su carrera literaria, sino que también dejó una huella en la cultura argentina. Su capacidad para captar la esencia de la ciudad y plasmarla en sus poemas refleja un diálogo intercultural que sigue vigente. A medida que su obra continúa siendo descubierta por nuevas generaciones de lectores, la conexión entre Argentina y Corea del Sur se fortalece, evidenciando la universalidad del arte y la literatura.