El inicio de un Mundial trae consigo una pregunta recurrente que resuena en los círculos literarios y entre los apasionados del fútbol: ¿es posible que la literatura logre captar la esencia emocional que genera este deporte? Esta inquietud ha sido abordada por grandes figuras de la literatura argentina, como Jorge Luis Borges y Roberto Fontanarrosa, quienes han expresado sus visiones divergentes sobre la relación entre la escritura y el fútbol, revelando una tensión que ha perdurado a lo largo de las décadas.
Jorge Luis Borges, uno de los escritores más influyentes de la literatura argentina, abordó el fútbol desde una perspectiva crítica. En sus reflexiones, afirmó que "el fútbol es popular porque la estupidez es popular" y que "despierta las peores pasiones". Estas declaraciones no surgieron de un desprecio ignorante hacia el deporte, sino de un profundo entendimiento de que el fútbol opera en una dimensión emocional donde la razón no tiene injerencia. Para Borges, el hecho de que este juego tocara las fibras más profundas del ser humano y desafiara el dominio de la razón era algo imperdonable, una paradoja que lo llevó a cuestionar la grandeza del fútbol frente a la literatura.
En contraposición, Roberto Fontanarrosa, conocido como el Negro, adoptó una postura más entusiasta respecto al fútbol, reflejando su amor por el deporte en sus obras. El escritor y dibujante rosarino, que nació en 1944, expresó su conexión con el fútbol de manera contundente al afirmar que, si su vida tuviera una banda sonora, sería la transmisión de los partidos. Con esta elección, Fontanarrosa subrayó que el fútbol posee una musicalidad única, una experiencia sensorial que no puede ser escrita, sino vivida. Esta celebración del deporte se encuentra presente en su cuento "19 de diciembre de 1971", donde narra la historia de un grupo de hinchas que secuestra a un anciano para llevarlo a un partido crucial, mostrando cómo el fútbol puede ser el centro de una vida, hasta el punto de definir su final.
El relato de Fontanarrosa no solo captura la pasión del fútbol, sino que también plantea una reflexión sobre la vida y la muerte, donde la muerte del anciano se convierte en una elección de cómo se quiere partir. Este enfoque humorístico y devastador permite apreciar cómo el fútbol puede ser un hilo conductor de emociones intensas, algo que la literatura no debe ignorar. En este sentido, Fontanarrosa se enfrenta a la idea de que el arte literario puede, efectivamente, atrapar la emoción del fútbol, aunque de una manera diferente a la del juego mismo.
Por otro lado, el escritor uruguayo Eduardo Galeano también se adentró en esta discusión al describir el fútbol con una sinceridad cruda. Galeano se consideraba un "chambón irremediable" y reconocía que, a pesar de sus limitaciones en el campo, no podía evitar buscar en las palabras lo que la pelota le había negado. Su famosa afirmación de que "el gol es el orgasmo del fútbol" resuena con fuerza, poniendo de relieve la conexión íntima que siente un aficionado en el momento de un gol. Sin embargo, Galeano también planteó una interrogante: ¿puede un lector que está sentado en un sillón experimentar la misma emoción que un espectador en la tribuna? Esta pregunta invita a reflexionar sobre la naturaleza de la experiencia futbolística y su traducción a la palabra escrita.
Galeano también destacó la resistencia del mundo intelectual ante el fervor del fútbol, comparándolo con la devoción religiosa. Afirmó que muchos intelectuales desconfían del fútbol precisamente porque no requiere de análisis crítico ni de interpretación, capturando a los espectadores de una manera visceral. La pasión que genera este deporte no deja espacio para la reflexión pausada, convirtiéndolo en una experiencia única que desafía la lógica y la razón. Esta relación tensa entre la literatura y el fútbol plantea interrogantes sobre cómo se pueden traducir las vivencias intensas de un partido en las páginas de un libro.
Osvaldo Soriano, otro destacado autor argentino, también abordó el tema del fútbol desde su particular perspectiva. La diversidad de enfoques de estos escritores refleja la complejidad de la relación entre la literatura y el deporte, poniendo de manifiesto que, si bien ambos pueden parecer mundos opuestos, están intrínsecamente conectados a través de las emociones humanas. En última instancia, la pregunta de si la literatura puede realmente capturar la esencia del fútbol sigue abierta, invitando a los escritores a explorar esta intersección entre el arte y el deporte en sus obras futuras.



