Un reciente estudio realizado por un equipo de investigadoras de Sheridan College destaca la necesidad de que los hogares de cuidados de larga duración integren de manera intencional a familiares y amigos en actividades artísticas junto a las personas que padecen demencia. Este enfoque no solo podría mejorar el bienestar individual de los residentes, sino también fortalecer los lazos afectivos en una etapa de la vida donde la sobrecarga emocional, la crisis de identidad y el duelo son comunes, incluso después de que el ser querido ingresa a una institución. La participación de estas figuras cercanas en actividades creativas podría ofrecer un alivio significativo tanto para quienes cuidan como para quienes son cuidados.
El análisis presentado en el artículo revela un dato preocupante: de las tres bases de datos internacionales consultadas, únicamente siete estudios han investigado programas artísticos en hogares de cuidados que incluyan de forma deliberada a familiares y amigos. Esta escasez de investigaciones sugiere que la inclusión activa de estos acompañantes en la vida artística de los residentes no ha sido adoptada como una práctica común en las instituciones de cuidado. La publicación en la revista Innovation in Aging resalta la necesidad urgente de que se implementen estos programas para enriquecer la experiencia de los residentes y sus familias en los centros de atención.
La situación es aún más compleja al considerar que el número de personas que viven con demencia en el mundo sigue en constante aumento. La mayoría de estas personas reciben atención en sus hogares por parte de familiares y amigos, quienes a menudo mantienen su rol de cuidadores incluso después de que la persona afectada es trasladada a un centro de larga estancia. Según la Asociación de Cuidadores de Ontario, esta transición no elimina la carga emocional que enfrentan los familiares, quienes continúan involucrándose activamente en las decisiones sobre el cuidado de sus seres queridos.
Las investigadoras abogan por un cambio de perspectiva en la forma en que se concibe la participación de los familiares y amigos en las actividades artísticas. En lugar de verlos como meros observadores o acompañantes adicionales, proponen que se diseñen programas artísticos que fomenten su participación activa, permitiéndoles obtener beneficios concretos. De acuerdo con la literatura revisada, la participación en actividades creativas ha demostrado tener efectos positivos en la salud y el bienestar de las personas, pero lamentablemente, los estudios que exploran estas oportunidades para fomentar la conexión entre personas con demencia y sus cuidadores son aún limitados.
Un aspecto clave de la propuesta es la infraestructura de los centros de cuidados. Las autoras señalan que son pocos los lugares que cuentan con espacios diseñados específicamente para facilitar la participación artística. Muchas veces, las actividades se llevan a cabo de manera improvisada, como mover mesas de una sala para realizar un concierto o pintar en espacios restringidos. Para abordar este problema, sugieren que se desarrollen o acondicionen áreas dentro de los centros que sean utilizadas de forma intencionada para la programación artística.
Además, proponen la necesidad de contar con materiales accesibles para que tanto los residentes como sus familiares puedan disfrutar de un uso más libre y creativo, incluyendo herramientas como pintura e instrumentos musicales. Esta disponibilidad podría traducirse en un incremento en la calidad de las actividades artísticas y, por ende, en una mejora significativa de la experiencia de quienes viven y trabajan en los hogares de cuidados. En conclusión, la integración de familiares y amigos en las actividades artísticas en centros de cuidados de larga duración no solo es una necesidad, sino una oportunidad para mejorar el bienestar de todos los involucrados y reforzar los vínculos afectivos en momentos de vulnerabilidad.



