En 1988, el editor Michael di Capua se encontró con una serie de bocetos de un autor que había cautivado a muchas generaciones: William Steig. Este reconocido escritor e ilustrador, famoso por sus acuarelas de trazos irregulares y sus relatos infantiles con un toque de ironía, presentó una historia que dejó a Di Capua con una sensación de inquietud. A diferencia de los libros anteriores de Steig, que transmitían una calidez reconfortante, este nuevo proyecto se centraba en un ogro grotesco, con una apariencia tan desagradable que su mal olor era capaz de hacer caer árboles. Di Capua recuerda con claridad su reacción: "Me horrorizó, era una aberración". A pesar de sus reservas iniciales, decidió darle una oportunidad a la historia, lo que desencadenaría una serie de eventos inesperados.
El editor sugirió a Steig que dejara el proyecto en pausa, pero la creatividad del autor pronto se vio estancada, lo que lo llevó a retomar la historia de su peculiar protagonista. Finalmente, en el otoño de 1990, llegó a las librerías el libro titulado "¡Shrek!". La impactante introducción presentaba a un personaje que rápidamente se ganaría el corazón de millones de lectores: "Su madre era fea y su padre era feo, pero Shrek era más feo que los dos juntos". Esta breve y mordaz narración se convirtió en una obra destacada dentro de la literatura infantil, con un tono excéntrico que la hacía única entre sus contemporáneas.
La historia de Shrek no solo capturó la atención de los niños, sino que también desató una revolución cultural cuando, en la primavera de 2001, se estrenó la adaptación cinematográfica protagonizada por Mike Myers. La película, que se despojó del signo de admiración en su título, arrasó en taquilla, recaudando cerca de 500 millones de dólares a nivel mundial. A partir de ahí, Shrek pasó de ser un personaje literario a convertirse en una franquicia multimillonaria, que abarca desde un musical galardonado hasta atracciones temáticas en parques de diversiones, como la que se planea en Texas.
A lo largo de los años, la imagen de Shrek se ha transformado en un símbolo cultural, siendo objeto de parodias, reinterpretaciones y hasta tributos en forma de tatuajes. La figura del ogro ha sido utilizada en innumerables memes y GIFs en redes sociales, donde su expresión única ha resonado con una audiencia global. Este fenómeno ha llevado a la creación de fiestas temáticas que celebran al personaje, donde fans de todas las edades se visten como Shrek y disfrutan de eventos nocturnos. Artistas de renombre, como Regis Philbin y Bad Bunny, han hecho apariciones públicas con el rostro pintado de verde, rindiendo homenaje a este icónico ogro.
William Steig, quien falleció en 2003 a la edad de 95 años, probablemente nunca imaginó el impacto que su creación tendría en la cultura popular. Su hija, Maggie, comparte que, aunque podría haber estado encantado con la fama de Shrek, también se habría sentido algo confundido por ciertos aspectos de su popularidad, como los tatuajes. "Ver a Bad Bunny con orejas de Shrek en SNL le habría divertido", comenta, añadiendo que su padre habría tenido una reacción escéptica ante la idea de que la gente se tatuara al personaje en la piel.
Nacido en Brooklyn en 1907, Steig creció en una familia de inmigrantes judíos polacos y desarrolló su pasión por el arte desde joven. A pesar de su éxito, el autor mantuvo siempre un enfoque modesto y una visión crítica sobre su propia obra. La historia de Shrek, que comenzó como una simple narración sobre un ogro, ha evolucionado para convertirse en un fenómeno cultural que sigue resonando en la actualidad, demostrando que a veces las ideas más inusuales pueden dar lugar a los mayores éxitos.
La travesía de Shrek desde un libro infantil a un ícono de la cultura pop es un claro ejemplo de cómo las narrativas pueden trascender sus orígenes y adaptarse a diferentes contextos, tocando corazones y generando risas en todo el mundo. A medida que el personaje sigue siendo celebrado y reinterpretado, su legado perdura, recordándonos que la belleza y el valor pueden encontrarse incluso en lo más inesperado.


