En un descubrimiento significativo para la arqueología mexicana, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han encontrado un altar conocido como momoztli, que aporta valiosa información sobre la estructura urbana de Tula, la histórica capital de los toltecas. Este hallazgo se produjo recientemente durante las tareas de rescate arqueológico relacionadas con la construcción de una línea de tren de pasajeros entre Ciudad de México y Querétaro, una obra que ha despertado el interés por preservar el patrimonio cultural de la región.

Según un comunicado emitido por el INAH, se estima que el altar pertenece a la fase Tollan de la antigua ciudad, que se desarrolló entre los años 900 y 1150 d.C. El sitio del hallazgo se localiza en las cercanías de Tula Chico, a solo 300 metros del perímetro de la zona arqueológica. Este descubrimiento es particularmente relevante en el contexto de la creciente preocupación por la conservación de los vestigios de civilizaciones prehispánicas que han sido amenazados por desarrollos urbanos y de infraestructura.

El proyecto de salvamento arqueológico está siendo coordinado por Víctor Francisco Heredia, quien ha proporcionado detalles técnicos sobre la estructura del altar. Se ha determinado que el momoztli tiene dimensiones aproximadas de un metro por lado y presenta un diseño constructivo que incluye una base de piedra careada, que podría ser andesita. Además, el altar, que se presume contaba con al menos tres cuerpos bajos, carecía de escalinatas, un elemento que podría haber influido en su función ritual, según las interpretaciones actuales.

El arqueólogo Emmanuel Hernández Zapata, quien lidera el equipo de campo, destacó que durante las excavaciones se identificó un apisonado que llevó al descubrimiento de una de las esquinas del altar y de otros vértices. Este hallazgo es crucial para entender no solo la arquitectura tolteca, sino también las prácticas ceremoniales que se llevaban a cabo en este espacio sagrado. Las excavaciones revelaron que en tres de los lados del nivel inferior del altar se encontraron ofrendas que incluyen restos óseos humanos, específicamente cuatro cráneos y otros huesos largos, lo que sugiere la posibilidad de que el cuarto lado contenga evidencias similares.

Más allá de los restos humanos, se hallaron elementos adicionales que enriquecen el contexto del descubrimiento, tales como vasijas de cerámica, fragmentos de obsidiana y navajillas. Estos objetos no solo permiten realizar un análisis más profundo de las costumbres y creencias de los toltecas, sino que también ofrecen pistas sobre las técnicas de fabricación y el comercio en la región durante ese período histórico. El INAH también informó sobre la presencia de dos cráneos en el arranque del altar, lo que añade otra dimensión a las ofrendas encontradas, al indicar que estos podrían haber sido parte de rituales más complejos.

La investigación de los restos óseos permitirá a los expertos determinar aspectos fundamentales como la edad, el sexo y posibles patologías de los individuos, así como investigar si estos fueron sometidos a decapitaciones, dado que uno de los cráneos parece estar aún conectado a la columna vertebral. Este tipo de análisis es esencial para comprender las prácticas funerarias y rituales de los toltecas, y podría arrojar luz sobre su cosmovisión y organización social.

Finalmente, el INAH ha señalado que los materiales cerámicos, líticos y malacológicos encontrados en el sitio serán objeto de estudio para identificar las especies involucradas, lo que contribuirá a una mejor comprensión del entorno natural y cultural en el que se desarrolló esta civilización. A medida que avancen las investigaciones, se espera que este hallazgo no solo enriquezca el conocimiento sobre la historia de Tula, sino que también refuerce la importancia de la protección del patrimonio arqueológico en México.