Novi Sad, Serbia.- Las ruinas de una obra arquitectónica abandonada fueron ocupadas por cigüeñas, que construyeron allí sus nidos y formaron la segunda mayor colonia de estas aves de Europa. La escena propone una imagen singular sobre el avance de la naturaleza en espacios que alguna vez estuvieron bajo dominio humano.

El paisaje también puede ser leído como una representación de un futuro posible: un mundo en el que la humanidad haya dejado de existir y sus construcciones permanezcan como vestigios de una civilización desaparecida. Entre las preguntas que plantea esa imagen aparecen las huellas que quedarían de los seres humanos y el modo en que el entorno natural podría recuperar esos lugares.

La ciencia ficción imaginó en numerosas ocasiones futuros opuestos: una humanidad capaz de superar sus conflictos y carencias, o una especie encaminada hacia la autodestrucción y la extinción por causas naturales. En ese marco, las ruinas tomadas por las cigüeñas evocan también otros sitios donde persisten rastros de civilizaciones pasadas, como los de México, Perú e Inglaterra, incluido el monumento megalítico de Stonehenge. La colonia serbia funciona así como una ventana hacia un porvenir en el que la naturaleza vuelva a imponerse sobre las obras humanas.