En un reciente informe, se ha revelado que más de la mitad de las adolescentes en la República Dominicana, específicamente el 53,3%, no tienen acceso a toallas sanitarias, lo que representa un grave obstáculo para su desarrollo educativo y personal. Según datos proporcionados por diversas organizaciones no gubernamentales, alrededor del 20% de estas jóvenes se ve obligada a ausentarse de la escuela entre dos y tres días cada mes, lo que impacta negativamente en su formación y oportunidades futuras.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Salud Menstrual, que se celebra el 28 de mayo, las organizaciones Pro-Infancia, Days for Girls República Dominicana y el Centro de Análisis y Estudio de la Comunicación (Caesco) han emitido un llamado de atención sobre esta problemática. Aseguran que la falta de acceso a productos de gestión menstrual, junto con la escasez de información precisa sobre el tema, continúa perpetuando barreras invisibles para muchas jóvenes en el país.
El estudio, realizado por la Universidad de Minnesota en colaboración con Batey Relief Alliance, destaca que el 4,6% de las adolescentes falta a clases durante cuatro días o más cada mes debido a su ciclo menstrual. Esto se traduce en semanas enteras de aprendizaje que se pierden a lo largo del año escolar, exacerbando las dificultades educativas que enfrentan estas jóvenes. La situación es alarmante, ya que afecta no solo su educación, sino también su salud y su futuro.
La población adolescente de la República Dominicana asciende a unos dos millones, lo que representa aproximadamente el 19% de la población total del país, según la Oficina Nacional de Estadística (ONE). Este contexto demográfico resalta la urgencia de abordar la falta de recursos y educación en torno a la salud menstrual, ya que muchas de estas jóvenes se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad. Un dato preocupante del estudio es que el 15% de las jóvenes llegó a su primera menstruación sin saber lo que les sucedía, mientras que un 61% desconoce el origen de la menstruación y un 30% se siente incómoda al hablar del tema.
Las organizaciones involucradas enfatizan que la combinación de la falta de productos menstruales, el silencio en torno a la menstruación y la desinformación pueden dar lugar a una serie de consecuencias negativas, como el ausentismo escolar y el aislamiento social. Estos factores contribuyen a una interrupción en la continuidad educativa de miles de adolescentes, sobre todo aquellas que provienen de contextos socioeconómicos desfavorables, lo que limita sus oportunidades de desarrollo y crecimiento personal.
A pesar de estos desafíos, se han observado avances en otros aspectos de la salud juvenil en el país, como la disminución de los embarazos adolescentes, que pasaron de 28.200 en 2020 a 16.481 en 2025, lo que representa una disminución del 41,5%. Sin embargo, las organizaciones advierten que aún queda un largo camino por recorrer para garantizar que un mayor número de niñas y adolescentes permanezcan en las aulas y cuenten con las condiciones necesarias para continuar su educación.
Para abordar esta situación, las entidades sugieren que es fundamental fortalecer la educación en salud menstrual y ampliar el acceso a productos reutilizables, lo que podría ser una de las estrategias más efectivas para contribuir a la permanencia escolar de las adolescentes. Al mismo tiempo, esto ayudaría a mitigar los factores que las llevan a situaciones de vulnerabilidad social, permitiendo que puedan disfrutar de una experiencia educativa más plena y equitativa.


