Desde tiempos remotos, artistas, arquitectos y científicos han mostrado un gran interés por un número en particular: 1,618. Este valor, conocido como la proporción áurea, es una relación matemática que se encuentra en diversas manifestaciones, desde templos griegos y pinturas de Mondrian hasta estructuras naturales como conchas de nautilus, plantas y galaxias, e incluso en las proporciones del cuerpo humano.

Debido a su impresionante trayectoria, este número ha llegado a ser considerado como el símbolo de la "belleza universal". Estudios han demostrado que, al presentar a una persona dos figuras con diferentes proporciones, esta suele elegir la que se alinea con la proporción áurea como la más armoniosa. Sin embargo, surge una interrogante fundamental: ¿es esta percepción de la belleza instintiva o está influenciada por la educación y la experiencia?

Un reciente estudio realizado en la Universidad de Jaén se propuso abordar esta cuestión al comparar las preferencias estéticas de dos grupos: aquellos con formación artística y aquellos sin ella. A través de esta investigación, se busca determinar si la inclinación hacia la proporción áurea se basa en un entendimiento profundo de su armonía o si simplemente responde a la aversión hacia proporciones menos agradables, lo que abre un interesante debate sobre el origen de nuestra percepción estética.