En el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor y periodista Pablo Sirvén presentó su novela "Operación Sallustro", una obra que aborda uno de los episodios más oscuros de la historia argentina: el secuestro y posterior asesinato de Juan Salustro, un alto directivo de Fiat, ocurrido en los turbulentos años previos a la última dictadura militar. A través de una narrativa ficcional, Sirvén logra reconstruir no solo los hechos que rodearon este trágico evento, sino también las complejidades del contexto político y social de la Argentina de la década del 70.
Durante la presentación, Sirvén dialogó con el periodista Ceferino Reato, donde enfatizó la relevancia de la figura de Salustro en la historia de la industria automotriz del país. "En los años 70, Fiat Auto era la principal empresa del sector en Argentina", remarcó el autor, destacando el papel protagónico que desempeñaba Salustro en un entorno marcado por la agitación política y social. El directivo no solo era un empresario influyente, sino que también mantenía una relación constante con las poderosas comisiones sindicales que exigían mejores condiciones laborales en un período de gran inestabilidad.
La novela se nutre de una profunda investigación que combina fuentes documentales con la imaginación del autor, dando vida a dos personajes centrales: Juan Salustro y un guerrillero ficticio que refleja las tensiones de la época. Este recurso narrativo permite a Sirvén explorar no solo los hechos del secuestro, sino también el contexto más amplio de la violencia política, que se tradujo en miles de atentados y acciones terroristas entre 1969 y 1972. "Se estima que hubo 20 mil episodios de terrorismo guerrillero en ese lapso", señaló Sirvén, evidenciando la magnitud de la crisis que atravesaba el país.
El secuestro de Salustro fue una decisión estratégica de la organización armada, que lo acusaba de ser cómplice de la represión en Córdoba y de provocar despidos masivos en Fiat. Los comunicados de los secuestradores exigían, entre otras cosas, la liberación de prisioneros políticos y el traslado de guerrilleros a Argelia. Sirvén subrayó la diferencia entre este episodio y otros secuestros más notorios, como el de los hermanos Born, poniendo de relieve la precariedad y la improvisación de la operación.
El impacto del crimen fue devastador. Según el autor, una de las consecuencias más significativas fue la decisión de Fiat de frenar sus inversiones en Argentina y trasladar su centro de operaciones a Brasil. "La Argentina dejó de ser prioritaria para la empresa, que había encontrado en el país un lugar clave para su desarrollo", afirmó Sirvén. Esta decisión evidenció los límites a los que una empresa puede tolerar la violencia, marcando un antes y un después en la relación entre el empresariado y el clima de inseguridad.
Salustro, un hombre con una vida llena de desafíos y experiencias, había llegado a ocupar un lugar destacado en la jerarquía de Fiat a nivel mundial, detrás de figuras como Gianni Agnelli y Aurelio Peccei. Su trayectoria militar durante la Segunda Guerra Mundial le otorgó una fuerte resiliencia, pero su adaptación al mundo empresarial en un país en crisis resultó trágicamente interrumpida. La historia de Salustro no solo es un relato individual, sino que se convierte en un símbolo de las consecuencias de la violencia política en Argentina, resaltando cómo un evento puede cambiar el rumbo de una industria y afectar a miles de trabajadores.



