Centroamérica dice adiós al verano con un espectáculo natural que deslumbra a sus habitantes: la floración de los guayacanes amarillos y los robles de sabana. Estas especies, que florecen en esta época del año, no solo embellecen el paisaje, sino que también representan un importante símbolo cultural y social en la región. Sin embargo, su esplendor no escapa a los efectos de la crisis climática, que afecta el ciclo natural de estos árboles.
Desde Guatemala hasta Panamá, el 'Handroanthus chrysanthus' y el 'Handroanthus roseus' transforman el verde característico de la zona en un espectáculo de tonos amarillos y rosas. Este fenómeno, que dura solo unas semanas, ocurre durante los últimos días de la temporada seca, que abarca desde noviembre hasta abril, y prepara el terreno para la llegada de las lluvias en mayo.
Omar López, director de ciencia del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global, señala que estas especies son claves para embellecer el final de la temporada seca. El guayacán amarillo, conocido por su resistencia a la sequía, comienza a despojarse de sus hojas en diciembre para luego florecer con el inicio de las lluvias. Por su parte, el guayacán rosa, aunque menos común y limitado a áreas más húmedas, también adorna las ciudades y bosques de la región, alcanzando alturas de hasta 40 metros.



