El conflicto en Medio Oriente ha cobrado la vida de numerosas personas desde su inicio el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán. A partir de ese momento, la situación se agravó rápidamente, involucrando no solo a los actores principales, sino también a naciones del Golfo Pérsico, así como a Líbano y Siria.

Las hostilidades se han extendido a regiones donde se encuentran bases militares estadounidenses y áreas clave para el transporte de recursos energéticos. Las estadísticas sobre las víctimas han sido proporcionadas por informes de los gobiernos de los países afectados y diversas organizaciones internacionales.

De acuerdo con un reporte de Reuters, hasta el 5 de marzo, en el sexto día de la contienda, las autoridades han confirmado al menos 1.149 muertes en diversas naciones de la zona. Este trágico balance pone de manifiesto la rápida escalada del conflicto, lo que genera un creciente temor sobre la posibilidad de que la violencia se intensifique aún más en el área.