La Argentina celebra el Día del Inventor en homenaje a Ladislao José Biro, creador del bolígrafo, conocido en el país como “birome”. Biro nació el 29 de septiembre de 1899 en Budapest y se radicó en la Argentina en 1940, luego de huir de la Segunda Guerra Mundial. Tres años después presentó una innovación que trascendería las fronteras y modificaría para siempre la escritura cotidiana.
La trayectoria de la inventiva argentina, sin embargo, excede ampliamente la figura de Biro. Entre los desarrollos atribuidos a inventores del país aparecen el bypass coronario de René Favaloro, de 1967, y la transfusión indirecta de sangre de Luis Agote, registrada en 1914. También forman parte de esa lista la identificación por huellas dactilares de Juan Vucetich, en 1891; el colectivo, en 1928; y la jeringa autodescartable creada por Carlos Arcusín, en 1992.
Ese recorrido convive con una histórica falta de acompañamiento estatal para los inventores argentinos, a diferencia de lo que ocurre en otros países. En ese contexto, hace pocos días Lucas Alberto Perfumo, quien hoy tiene 44 años y a los 16 era el integrante más joven del grupo y aseguraba tener “300 ideas”, comunicó dos fallecimientos: el de Eduardo Fernández, impulsor de la Asociación Argentina de Inventores y fundador de la Escuela de Inventores, y el de Arcusín, quien formuló dos leyes físicas que llevan su apellido.



