La historia de Carlota Joaquina de Borbón, una figura intrigante y controvertida, se convierte en el eje central de la obra teatral que se presenta en NÜN teatro bar. Este montaje, dirigido por Jimena del Pozo Peñalva y con una producción general de María Carámbula, combina elementos de comedia y reflexión histórica para ofrecer una mirada fresca sobre un capítulo poco explorado de la historia colonial de América del Sur. A través de la interpretación de Bárbara Massó como Carlota y Ariel Mele en el papel de su lacayo, la trama nos sumerge en una época de tensiones políticas y reivindicaciones de poder en un contexto marcado por la invasión napoleónica.
La obra nos lleva a un momento crucial en la vida de Carlota, quien, tras la invasión de Napoleón a Portugal, se ve obligada a trasladarse a Río de Janeiro, que se convierte en la capital del Imperio Portugués. En este escenario, la protagonista se presenta como una mujer ambiciosa y apasionada, dispuesta a reclamar su lugar en la historia. Desde el primer instante, el espectador puede anticipar el desenlace trágico del deseo de Carlota de convertirse en reina del Río de la Plata, un objetivo que, a pesar de su exaltación, parece condenado al fracaso desde su concepción. La obra, sin embargo, no busca únicamente retratar esta lucha por el poder, sino que también se adentra en la psicología de una mujer atrapada entre las expectativas de su tiempo y sus deseos personales.
A medida que avanza la trama, Carlota se convierte en un símbolo de las luchas de los criollos que buscaban autonomía en un momento en que la independencia aún parecía un sueño lejano. A través de la creación del Partido Carlotista, los criollos intentaron utilizar su figura como un “paraguas” de legitimidad, lo que plantea una pregunta crucial: ¿realmente Carlota se alinearía con los intereses de América o, en cambio, serviría a los propósitos de Portugal? Esta ambigüedad es uno de los aspectos más interesantes de la obra, que invita a la reflexión sobre las complejas dinámicas de poder y lealtades en un continente en plena transformación.
La interpretación de Massó como Carlota es multifacética; su personaje es a la vez víctima y villana, lo que añade capas de complejidad a su figura histórica. La obra no escatima en mostrar la vulnerabilidad de Carlota, quien intenta aferrarse al poder en un mundo dominado por hombres. A través de sus cartas, se revela un ser humano lleno de contradicciones, que se queja de su situación matrimonial y expresa su desdén por su esposo, a quien considera un opresor. Su deseo de poder es palpable, pero también lo es su soledad y frustración, lo que la convierte en un personaje trágico.
El humor y la sátira están presentes en la narrativa, lo que permite que el público se ría de las situaciones absurdas que enfrenta Carlota, a la vez que se cuestiona la seriedad de su empeño por gobernar. La dirección de Jimena del Pozo Peñalva logra un equilibrio entre la comedia y la reflexión, invitando a la audiencia a disfrutar de la historia mientras se cuestiona su relevancia en el presente. Este enfoque permite que la obra no solo sea una representación teatral, sino también un comentario sobre el papel de las mujeres en la historia y la forma en que sus voces han sido silenciadas o distorsionadas.
La figura de Carlota Joaquina trasciende su contexto histórico, convirtiéndose en un símbolo de los retos que enfrentan las mujeres en la búsqueda de poder y reconocimiento. Al final, la obra nos deja con una reflexión profunda sobre el legado de Carlota y su relevancia en el contexto contemporáneo, recordándonos que la lucha por la autonomía y el reconocimiento de las mujeres sigue vigente. Así, a través de la risa y la reflexión, el teatro se convierte en un espacio para explorar historias olvidadas y perspectivas marginadas, brindando una nueva vida a figuras históricas que, como Carlota, merecen ser recordadas y entendidas en toda su complejidad.



