Remy trabaja sobre el cuero cabelludo de personas calvas con diminutos puntos de pigmento que buscan reproducir visualmente la presencia de cabello. La técnica, conocida como micropigmentación capilar, forma parte de los procedimientos de maquillaje permanente, pero en Japón quedó bajo la mirada de las autoridades sanitarias, que consideran que su aplicación corresponde al ámbito médico.
Según esa interpretación, quienes realizan estas prácticas deben contar con una licencia sanitaria. Las autoridades intensificaron las advertencias y también amenazaron con iniciar acciones penales contra los profesionales que trabajan sin esa habilitación. Remy, su nombre profesional, es un tatuador de 44 años que reside en Okinawa y se encuentra entre quienes cuestionan esa postura.
Los especialistas del sector sostienen que su tarea tiene un objetivo exclusivamente estético: crear la ilusión de una cabellera, redefinir las cejas o aportar color a los labios. Remy describe la micropigmentación capilar como un procedimiento “apenas invasivo” y asegura que es “tan indoloro que algunos clientes incluso se quedan dormidos durante la sesión”.
“Para mí es un completo misterio que sigan afirmando que se trata de un acto médico”, afirmó. Sin embargo, las medidas de higiene y seguridad que aplican estos profesionales no alcanzan para despejar las dudas oficiales en un país donde, durante décadas, los tatuajes estuvieron asociados a los yakuza, la mafia japonesa. Para muchas personas que recurren a esta técnica, el resultado no se limita a modificar la apariencia física, aunque el material disponible no aporta mayores detalles sobre esas experiencias.



