El Gran Cañón ha sido puesto en alerta por condiciones de calor extremo que se extenderán desde el mediodía del lunes hasta el martes, lo que representa un nuevo riesgo para los visitantes del parque. Esta advertencia se produce tras la trágica muerte de tres excursionistas en junio, quienes perdieron la vida debido a incidentes relacionados con las altas temperaturas. Las autoridades del parque han elevado la preocupación, ya que las temperaturas en el fondo del cañón pueden alcanzar o incluso superar los 43 °C, lo que afecta directamente a quienes se embarcan en caminatas prolongadas.
Las proyecciones del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos indican que en Phantom Ranch, una zona de menor altitud dentro del parque, las temperaturas podrían llegar a los 43 °C (110 °F) o más. Esta situación es especialmente alarmante, ya que coincide con un periodo de calor anómalo en la mayor parte del oeste de Estados Unidos, el cual también está experimentando un incremento en el riesgo de incendios forestales, debido a condiciones de sequedad y calor persistente.
Ante este panorama, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos ha emitido recomendaciones urgentes para los excursionistas, instando a evitar emprender caminatas al mediodía. Las autoridades han señalado un preocupante aumento en los incidentes relacionados con el calor, lo que ha llevado a una reevaluación de las condiciones de seguridad para los visitantes. La advertencia se centra especialmente en el trayecto de regreso desde el fondo hacia el borde del cañón, que presenta un fuerte desnivel y exige un esfuerzo físico considerable, justo cuando las temperaturas alcanzan su punto máximo y la fatiga se hace presente.
La advertencia no solo se dirige a quienes planean travesías largas, sino también a aquellos que, al comenzar su descenso, se encuentran con un clima más soportable y subestiman el esfuerzo requerido para el retorno. Esta percepción errónea puede ser peligrosa, ya que las condiciones en el interior del cañón son extremadamente calurosas, y la falta de sombra en varios tramos, junto con la necesidad de gestionar el ritmo, aumenta el riesgo de sufrir síntomas relacionados con la insolación.
Las autoridades han enfatizado que las diferencias de temperatura entre el borde y el fondo del Gran Cañón son significativas, con variaciones que pueden oscilar entre 11 y 14 °C (20 a 25 °F). Esta disparidad puede llevar a los excursionistas a minimizar el peligro que representa el calor en el interior del cañón. El inicio del recorrido, que se realiza en bajada y con un aire relativamente más fresco, puede dar una falsa sensación de control, pero la verdadera dificultad se presenta en la etapa de regreso, cuando los excursionistas deben enfrentar una subida prolongada.
Justin Johndrow, meteorólogo de la oficina del Servicio Meteorológico Nacional en Flagstaff, Arizona, ha señalado que el calor en la parte baja del cañón se encuentra en su punto más intenso del año, antes de que la llegada de las lluvias del monzón a finales del verano brinde algo de alivio. "El calor es extremo en el fondo del Gran Cañón", comentó Johndrow, describiendo cómo la percepción de control que se tiene al descender se rompe en el retorno, ya que el cuerpo debe esforzarse en una subida prolongada, lo cual puede resultar agotador incluso en días con temperaturas más moderadas. Esta advertencia resalta la importancia de estar bien preparados y conscientes de las condiciones climáticas antes de aventurarse en una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo.



