La violencia digital ha tomado un giro alarmante en Colombia, afectando de manera desproporcionada a mujeres que, sin ser conscientes de ello, se convierten en víctimas de vigilancia a través de sus teléfonos móviles. Un estudio reciente realizado por Kaspersky ha revelado que una de cada cinco mujeres ha encontrado en su dispositivo una aplicación de monitoreo, lo que pone de manifiesto el uso abusivo de la tecnología para controlar y supervisar sin consentimiento.

La encuesta ha permitido vislumbrar que la persecución digital no se presenta como un fenómeno aislado. De acuerdo con los datos, un 40% de las mujeres consultadas han sufrido algún tipo de abuso doméstico, que abarca desde el maltrato físico y psicológico hasta la intrusión en su intimidad, como el acceso no autorizado a imágenes o información financiera. Esta alarmante realidad sugiere que la violencia digital es una extensión de patrones de abuso más amplios que ya se viven en las relaciones interpersonales.

Pese a que un 64% de las mujeres opina que es inaceptable que su pareja realice un seguimiento de sus actividades en línea, el 46% admite haberse sentido espiada a través de dispositivos como celulares, computadoras, cámaras web y otros dispositivos inteligentes. Estos datos reflejan una contradicción inquietante entre la percepción de lo que debería ser una relación sana y la realidad del control ejercido a través de la tecnología.

Los especialistas en ciberseguridad han señalado que el fenómeno del "stalkerware", software espía instalado sin consentimiento, contribuye a la ampliación de las dinámicas de control en las relaciones. Este tipo de aplicaciones permiten acceder a información privada como mensajes, ubicaciones y registros de llamadas, e incluso pueden activar la cámara o el micrófono del dispositivo de forma remota. A menudo, estas herramientas operan de manera clandestina, lo que dificulta que las víctimas detecten la invasión a su privacidad.

Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación es que muchas mujeres no se dan cuenta de que están siendo vigiladas. Comentarios de la pareja sobre conversaciones personales, encuentros inesperados en lugares habituales o el conocimiento de detalles que solo han compartido con amigos pueden ser indicios de que están bajo seguimiento. En muchos casos, el software espía se instala en celulares que han sido regalados por el agresor, permaneciendo activo en el sistema sin que la víctima lo note.

La presencia del stalkerware se convierte en una amenaza constante, pues su funcionamiento discreto permite un control absoluto sobre la vida digital de la persona afectada. Esto no solo incrementa la vulnerabilidad de las mujeres, sino que también puede llevar a situaciones de acoso, manipulación y restricción de su autonomía sin que estas sean conscientes del origen del problema. Es esencial que las víctimas puedan reconocer estos signos de abuso para poder actuar y buscar ayuda.

Frente a esta compleja situación, la concienciación y la prevención son fundamentales. María Isabel Manjarrez, investigadora de seguridad para América Latina en Kaspersky, destaca la importancia de fortalecer los hábitos de seguridad digital en la vida cotidiana. “La tecnología debe ser una herramienta de protección y autonomía para las personas, no un mecanismo de control sobre su vida privada”, afirma. Para reducir el riesgo de vigilancia no autorizada, los expertos recomiendan adoptar medidas prácticas que ayuden a las mujeres a proteger su privacidad en el entorno digital.

El aumento en los casos de vigilancia digital pone de manifiesto la urgencia de abordar la violencia tecnológica dentro del contexto de las relaciones personales. Es vital que tanto las víctimas como la sociedad en su conjunto tomen conciencia sobre esta problemática y trabajen en conjunto para combatir el abuso y proteger los derechos de las mujeres en el mundo digital.