La justicia en la provincia de Buenos Aires ha fallado a favor de una jubilada docente que fue estafada por un sofisticado esquema cibernético. El caso, que ha captado la atención por la complejidad de la estafa y la responsabilidad de las entidades financieras, se desarrolló en el contexto de un intento de la mujer por consultar sobre la renovación de un plazo fijo. En 2020, los delincuentes se hicieron pasar por empleados del banco, logrando acceso a sus cuentas y gestionando un préstamo a su nombre por un total de $264.000, además de realizar transferencias a cuentas de terceros que permanecen en el anonimato.
La sentencia del Juzgado Civil y Comercial N°16 de La Plata ha declarado nulas todas las operaciones fraudulentas realizadas en la cuenta de la jubilada y ha ordenado la restitución del dinero que fue sustraído. Además, el tribunal impuso al banco una sanción de $5 millones por daños punitivos, un fallo que subraya la creciente preocupación por la seguridad en el ámbito financiero ante el aumento de delitos informáticos. Este caso no solo resalta la vulnerabilidad de los consumidores en el entorno digital, sino que también plantea interrogantes sobre las medidas de seguridad que implementan las instituciones bancarias para proteger a sus clientes.
El inicio de esta historia se remonta a agosto de 2020, momento en el que la jubilada, al no poder comunicarse por teléfono con su banco, optó por realizar su consulta a través de las redes sociales. La mujer creyó estar contactando la página oficial del banco, lo que la llevó a recibir una llamada de un supuesto operador de la entidad. Este individuo, que era parte del plan de la estafa, logró ganarse su confianza al proporcionarle información personal, incluyendo su nombre completo, número de documento y detalles sobre su cuenta.
Una vez establecida la comunicación, los estafadores le instruyeron para que realizara un trámite en un cajero automático, indicándole que era parte del proceso para la renovación de su plazo fijo. Convencida de que estaba siendo asistida por personal legítimo del banco, la jubilada siguió las instrucciones que le dieron. Este tipo de táctica, que combina la manipulación psicológica con el uso de información personal, es cada vez más común en las estafas digitales, lo que pone de relieve la necesidad de una mayor educación sobre seguridad cibernética entre los usuarios.
Los delincuentes le solicitaron que ingresara ciertos códigos en el cajero, imprimiera recibos y enviara fotografías de los mismos. Con la promesa de que el trámite estaba en marcha, la mujer se mantuvo a la espera. Sin embargo, al revisar su home banking más tarde, se dio cuenta de que había sido víctima de un fraude monumental. En su cuenta, apareció un préstamo por $264.000, así como un adelanto de haberes por $9.000, que rápidamente fueron transferidos a cuentas de personas desconocidas.
Los movimientos fraudulentos incluyeron transferencias significativas de $100.000 y $44.000 a una cuenta de una persona identificada como Agustín Fernández, y otros montos similares a una cuenta asociada a Sergio Barrios. Ante la desesperación, la jubilada intentó reclamar a la entidad bancaria, pero su denuncia fue ignorada durante meses. Después de diez meses sin respuestas satisfactorias y con su reclamo finalmente rechazado, decidió llevar su caso a la justicia, buscando la anulación de las operaciones y la recuperación de sus fondos.
Este fallo no solo representa una victoria personal para la jubilada, sino que también puede sentar un precedente importante en la lucha contra las estafas digitales. La sentencia resalta la responsabilidad que tienen las entidades financieras en la protección de sus clientes frente a estos delitos, y la necesidad de implementar medidas más robustas para prevenir situaciones similares en el futuro. En un mundo cada vez más digitalizado, la seguridad cibernética se convierte en un tema crucial que merece la atención de todos los sectores.



