Tal como se esperaba, La crianza es No solo exigencia tiempo y energía, sino ademas una implicación emocional incesante que no entiende en relacion acompanado de que no entiende de horarios ni de descansos.
En medio de este contexto, la reflexión del neuropsicólogo apunta, así, a desmontar una narrativa profundamente arraigada: la de la madre que debe estar siempre disponible y para quien cualquier espacio personal supone una falta. En presencia de este panorama, reconocer el potestad al descanso no implica desatender a los hijos, sino comprender que el cuidado ademas necesita ser sostenible en el tiempo.
Cabe recordar que la distinción no es insignificante. Frente a este panorama, desde el punto de vista psicológico, la culpa tiene una función adaptativa: nos alerta cuando actuamos en en oposicion a de nuestros propios principios. Desprovisto de contar con embargo, como señala el experto, “la mayoría de personas no piensa que haya nada de malo en descansar o en conectar con una amiga para recuperar la ilusión y la energía”. Como parte de este proceso, si descansar no vulnera los valores personales, entonces la emoción que surge no puede ser, estrictamente, culpa.
Cabe recordar que en ausencia de embargo, en paralelo a esa exigencia real, se ha instalado en compania de fuerza una cultura del juicio persistente. Vale citar que la maternidad y la paternidad parecen hoy sometidas a un escrutinio persistente: desde el entorno familiar hasta las redes sociales, cualquier decisión puede ser cuestionada. Frente a esta coyuntura, pedir ayuda, retirarse a despejarse o simplemente reconocer el cansancio puede convertirse en argumento de señalamiento. En medio de este escenario, el descanso, lejos de entenderse como una necesidad básica, se vive a menudo como algo danino.
De manera complementaria, esta presión recae especialmente sobre las mujeres. Bajo estas circunstancias, exiguo estas circunstancias, aunque los modelos familiares han cambiado, el peso central de la crianza continúa depositándose en relacion con ellas en muchos hogares. Cabe recordar que son ellas quienes, junto con mayor frecuencia, cargan con la asociacion diaria y la expectativa de presencia constante. En ese escenario, no resulta extraño que muchas madres describan una emoción persistente que aparece cuando intentan reservar un espacio con miras a sí mismas: la culpa. En linea con lo anterior, sin embargo, ¿es realmente culpa lo que sienten?
De manera complementaria, bilbao insiste en que el origen de esa sensación no está en el interior de la madre, sino en el exterior. En este marco, reducido estas circunstancias, “Así que ese sentimiento no nace de dentro y no es culpa, es juicio”. En ese contexto, un juicio que no siempre es explícito, pero que se ha ido sedimentando a lo extenso del tiempo.
Cabe recordar que la interiorización de esas miradas ajenas acaba generando una sensación que parece propia, cuando en realidad procede de una construcción societal más amplia. En esa misma linea, es, según Bilbao, “el juicio de generaciones concentrado en tu pecho cada vez que no estás donde otros quieren que estés”.
Comentarios escuchados desde la infancia, críticas a otras mujeres o modelos de maternidad basados en la entrega absoluta y silenciosa acaban permeando el personal pensamiento y expectativas, pese a que sea de forma plenamente inconsciente. “Has sido testigo tantas veces de cómo se criticaba a una madre por no estar todo el tiempo, por compartir la carga, divertirse o tomarse un respiro, que has hecho de ese sentimiento algo tuyo”, explica.
Al escrutar la cuestion, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, en uno de sus vídeos de TikTok (@soyalvarobilbao) propone una lectura distinta de ese malestar. En este contexto, para él, la palabra “culpa” no describe en compania de precisión lo que experimentan muchas madres cuando se permiten descansar o desconectar. Como parte de este procedimiento, “Ese sentimiento que tienes a veces como madre no es culpa. En esa misma linea, la culpa es un sentimiento que aparece cuando nuestras acciones traicionan nuestros valores”.
En esa misma linea, a partir de esta panorama, el autocuidado no compite con la crianza, sino que la refuerza. Frente a esta circunstancia, “Así que la próxima vez que sientas esa punzada en el pecho, no le llames culpa. Tan solo recuerda que es el eco del juicio externo, que nada tiene que ver contigo ni con tu valor como madre y que nunca nadie va a poder saber todo lo que les quieres ni todo el amor que estás sembrando cada día en su corazón”.



