La salida a bolsa de SpaceX, el 12 de junio, representa un hito en el mundo financiero y tecnológico. Desde la sede de la compañía en Texas, Elon Musk dio inicio a la cotización en el Nasdaq, marcando un momento significativo para la industria espacial. Con un precio de 135 dólares por acción, la empresa logró recaudar 75.000 millones de dólares al vender el 5% de sus acciones, convirtiéndose en la oferta pública inicial más grande de la historia y posicionando a Musk como el primer trillonario del planeta.
Durante mucho tiempo, Musk había sido reacio a llevar a SpaceX a la bolsa, argumentando que la naturaleza pública de la empresa podría limitar su capacidad para ejecutar su visión a largo plazo. Esta visión incluye ambiciosos planes de realización de lanzamientos diarios de cohetes y la creación de colonias en la Luna y Marte. Sin embargo, la respuesta del mercado fue abrumadora, con una suscripción casi cuatro veces superior a lo esperado, gracias en parte a la participación de inversores minoristas que optaron por invertir en la compañía en lugar de las grandes instituciones financieras.
El primer día de cotización fue prometedor, cerrando con un precio de 161 dólares por acción, lo que supuso un incremento del 19% en comparación con su precio inicial. Esta valoración elevó el valor total de la empresa a aproximadamente 2,1 billones de dólares, un número impresionante teniendo en cuenta que SpaceX reportó ingresos de 18.700 millones de dólares el año pasado, junto con una pérdida neta de 4.900 millones. Esta disparidad entre ingresos y pérdida plantea preguntas sobre la sostenibilidad del modelo de negocio de la empresa a largo plazo.
Apostar por SpaceX implica confiar en tres aspectos clave: la creencia en el potencial económico del espacio, la expectativa de que gran parte de ese crecimiento provenga de la inteligencia artificial, y la confianza en que Musk, quien ha mantenido un control significativo sobre la empresa, es la persona adecuada para llevar a cabo esos planes. La capacidad de Musk para atraer inversión y generar interés en sus proyectos ha sido un factor determinante en el éxito de la oferta pública inicial.
SpaceX ha logrado establecerse como un líder en el sector espacial gracias a su innovador cohete Falcon 9, que ha demostrado ser económico y parcialmente reutilizable desde su primer vuelo en 2010. En el último año, la compañía lanzó al espacio más del doble de la carga que cualquier otro competidor global, consolidando así su posición dominante. Con la mirada puesta en el futuro, la empresa planea lanzar su megacohete Starship, que promete ser completamente reutilizable, lo que podría reducir significativamente los costos por tonelada de carga útil.
Otro aspecto clave en la valoración de SpaceX es su exitosa constelación de satélites Starlink, que ya ha lanzado más de 10.000 satélites. Este servicio proporciona acceso a internet a más de 12 millones de usuarios, incluyendo aerolíneas y entidades gubernamentales a través de su filial Starshield. Starlink ha demostrado ser el único segmento rentable de la empresa, generando un beneficio operativo de 4.400 millones de dólares el año pasado, en comparación con 2.000 millones el año anterior. Sin embargo, gran parte de la alta valoración de SpaceX se basa en un ambicioso plan para lanzar una segunda constelación de satélites aún más grande y rentable, lo que podría definir el futuro de la empresa en el competitivo paisaje del acceso a internet por satélite.



