La expansión de los sistemas de verificación de identidad basados en datos biométricos plantea nuevos desafíos para la seguridad y la privacidad. A diferencia de las claves numéricas o de los soportes físicos, estos mecanismos utilizan rasgos físicos y conductuales singulares, como las huellas dactilares, el rostro o el iris, que en principio serían más difíciles de falsificar o sustraer.
En los últimos días se viralizaron videos que alertan sobre el riesgo de exhibir imágenes de las manos, ya que podrían ser utilizadas para copiar las huellas dactilares. La misma preocupación alcanza a los sistemas de reconocimiento facial y a otras tecnologías que identifican a las personas a partir de sus características corporales.
En julio de 2023, la firma Worldcoin impulsó un sistema financiero digital global basado en la identificación de las personas mediante el escaneo del iris, a cambio de criptomonedas. Hasta principios de 2024, alrededor de 500.000 argentinos ya habían realizado ese procedimiento a cambio de dinero.
La diferencia principal con una contraseña es que, si una clave se filtra, puede ser reemplazada. En cambio, la exposición de datos faciales, huellas o información del iris puede generar consecuencias más difíciles de revertir. Según el material, los ciberdelincuentes ya pueden falsificar datos biométricos con herramientas sofisticadas, incluso mediante inteligencia artificial, para intentar acceder a cuentas bancarias, archivos oficiales o información de salud.
Por ese motivo, antes de entregar este tipo de información es importante conocer con precisión para qué será utilizada, durante cuánto tiempo permanecerá almacenada y qué terceros podrán acceder a ella. También resulta relevante verificar si el consentimiento podrá ser revocado y qué medidas se aplicarán para proteger los datos. En ese contexto, trascendió que una organización criminal ofrecía dinero a personas, aunque el material disponible no precisa el objetivo de esa propuesta.



