La resiliencia, entendida como la capacidad de enfrentar adversidades y frustraciones, se manifiesta de maneras distintas según la generación a la que se pertenezca. Este fenómeno no es casual, ya que las condiciones sociales y tecnológicas en las que cada cohorte ha crecido juegan un papel crucial en la formación de la personalidad y los mecanismos de afrontamiento. En este sentido, las diferencias entre quienes nacieron entre 1950 y 1970 y las generaciones más recientes, como la Generación Z y Alpha, son notorias y dignas de análisis.
La psicóloga Ileana Mateo, con una amplia trayectoria en el estudio de la resiliencia, sostiene que las generaciones anteriores desarrollaron una mayor tolerancia a la frustración. Este desarrollo se produce en un contexto caracterizado por la estabilidad institucional y la previsibilidad social, donde las reglas y normas eran claras. En contraposición, los jóvenes de hoy enfrentan un entorno marcado por la inmediatez, donde la gratificación instantánea se ha convertido en la norma. Esta transformación ha llevado a que las nuevas generaciones tengan más dificultades para lidiar con la frustración, alterando su forma de construir la identidad y de relacionarse con el mundo.
Mateo destaca que el contexto histórico actúa como un “clima psíquico”, un factor que, aunque no determina de manera absoluta, influye en cómo las personas piensan, sienten y se angustian. Cada generación comparte un trasfondo que organiza sus percepciones y modos de interacción. Aunque esta base común no elimina la diversidad individual, sí establece patrones en la subjetividad que permiten diferenciar a un grupo generacional de otro. Esto se traduce en diferentes maneras de enfrentar los desafíos de la vida, dependiendo de las condiciones sociales que hayan prevalecido en su formación.
La influencia del contexto histórico en la construcción de la personalidad es innegable. Según Mateo, los individuos no existen en un vacío, sino que se constituyen en diálogo constante con la época que les toca vivir. Este diálogo, muchas veces inconsciente, se manifiesta a través de valores, temores e ideales que se asumen como naturales. Por ejemplo, crecer en un entorno que fomenta la estabilidad y la certidumbre ofrece un trasfondo muy distinto al que se experimenta en una realidad caracterizada por la incertidumbre y el cambio constante.
El sociólogo Zygmunt Bauman, en sus estudios sobre la modernidad líquida, también señala cómo los cambios sociales afectan la identidad contemporánea. Las transformaciones en las estructuras sociales, así como la fluidez de las relaciones interpersonales, impactan de manera directa en la construcción de la identidad de las nuevas generaciones. Así, el entorno en el que se vive no solo moldea la percepción de uno mismo, sino que también establece los límites y posibilidades para enfrentar el malestar.
Sin embargo, es importante señalar que el peso de la época no es uniforme ni homogéneo. Cada individuo, aunque comparta una generación, es influenciado por factores como su historia familiar, su clase social y sus experiencias personales. Esto sugiere que, si bien hay un trasfondo común que organiza ciertas formas de sentir e interpretar la realidad, también existen matices que enriquecen la comprensión de la resiliencia generacional. Al analizar estos aspectos, no se trata de encasillar a las personas, sino de ampliar la mirada sobre los contextos históricos, políticos y sociales que marcan a cada generación, permitiendo una comprensión más profunda de los desafíos que enfrentan.
Finalmente, desde una perspectiva clínica, se puede afirmar que cada época ofrece formatos específicos para abordar el malestar emocional. Aunque los conflictos psicológicos no desaparecen, sus formas de manifestación evolucionan según las condiciones sociales. Así, el análisis de la resiliencia a través de las generaciones no solo enriquece nuestra comprensión de la psicología humana, sino que también invita a reflexionar sobre el impacto de nuestro entorno en la construcción de la identidad y la capacidad de afrontar lo adverso.


