El 20 de febrero marcó un momento significativo para la ecología en las Islas Galápagos, con la liberación de 158 tortugas gigantes en la isla Floreana. Este evento histórico es parte de un esfuerzo mayor por restaurar la población de estas emblemáticas criaturas que habían desaparecido de la isla durante más de 150 años. La reintroducción fue facilitada por datos satelitales proporcionados por la NASA, lo que resalta la importancia de la tecnología en la conservación de especies.

La extinción de las tortugas gigantes en Floreana comenzó en el siglo XIX, debido a la caza y la introducción de especies invasoras que afectaron gravemente a la población. Charles Darwin fue uno de los últimos naturalistas en observar estas tortugas en su hábitat natural, y su desaparición transformó el ecosistema local, provocando un crecimiento desmedido de la vegetación y la pérdida de rutas ecológicas vitales.

El descubrimiento de tortugas con características únicas en el volcán Wolf, en la isla Isabela, en el año 2000, permitió a los investigadores iniciar un programa de reproducción en cautiverio. Gracias a los avances tecnológicos y las colaboraciones internacionales, la liberación de estas tortugas no solo busca recuperar una especie en peligro, sino también restaurar el equilibrio ecológico de Floreana, donde las tortugas desempeñan un papel crucial en la dispersión de semillas y la conservación de corredores naturales.