Durante más de dos décadas, el financista Jeffrey Epstein cultivó conexiones con altos ejecutivos de Microsoft, lo que le permitió acceder a información confidencial sobre la empresa y sus decisiones estratégicas.
En 2011, Microsoft enfrentaba una crisis significativa tras el fracaso en el mercado de teléfonos inteligentes y las dificultades en su motor de búsqueda. En este contexto, el entonces CEO, Steve Ballmer, se encontraba bajo una intensa presión que generaba rumores sobre su posible reemplazo. A pesar de la situación tensa, Epstein mantenía una comunicación constante con personas dentro de la compañía, recibiendo actualizaciones sobre la búsqueda de un nuevo director ejecutivo y ofreciendo su asesoramiento.
La relación de Epstein con Microsoft se volvió más evidente tras la publicación de documentos por parte del Departamento de Justicia, que revelaron su implicación en los entresijos de la empresa. A pesar de su condena por delitos sexuales, Epstein logró tejer una red de contactos en Microsoft, que incluía a figuras como Bill Gates y otros altos ejecutivos. Su influencia le permitió estar al tanto de los dramas internos de la empresa, incluyendo la sucesión de liderazgo y actividades filantrópicas. Aunque sus vínculos no fueron igual de efectivos en otras corporaciones, su acercamiento a Microsoft se mantuvo notable a lo largo de los años.
Incluso en 2013, Epstein demostró su ambición al sondear informalmente a otros ejecutivos sobre la posibilidad de dirigir la compañía. Frank Shaw, responsable de comunicaciones de Microsoft, expresó la decepción de la empresa al enterarse de la correspondencia entre Epstein y exempleados, subrayando la complejidad de sus relaciones dentro de la organización.



