La inteligencia artificial (IA) está comenzando a jugar un papel significativo en el ámbito del ejercicio para adultos mayores, especialmente en áreas cruciales como el equilibrio, la marcha y la precisión de los movimientos. Sin embargo, un reciente análisis exhaustivo ha revelado que los beneficios de estas tecnologías en aspectos relacionados con la salud mental y otros indicadores físicos aún son inciertos, lo que sugiere que la investigación en este campo está en una etapa inicial y necesita más estudios para validar sus conclusiones. Este trabajo, publicado en la revista BMC Geriatrics, revisó una serie de estudios realizados entre 2020 y 2025, analizando un total de 18 investigaciones seleccionadas de un universo de 5,760 artículos de diversas bases de datos académicas.

La revisión se centró en la pregunta fundamental de si las herramientas de IA pueden efectivamente contribuir a la mejora del ejercicio en una población que todavía enfrenta altos niveles de inactividad física. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda que los adultos mayores dediquen al menos 150 minutos semanales a la actividad aeróbica de intensidad moderada, un objetivo que puede ser difícil de alcanzar sin el apoyo adecuado. Este estudio destaca que, aunque hay un creciente interés académico en el uso de la IA para fomentar la actividad física entre los mayores, la eficacia de estas tecnologías aún presenta desafíos significativos que deben ser abordados.

El análisis de los 18 estudios incluidos en la revisión reveló que la mayoría se llevó a cabo en Asia, donde Corea del Sur lideró la producción con cuatro investigaciones, seguida de Taiwán y Singapur. En contraste, la presencia de estudios provenientes de Europa, América y Medio Oriente fue relativamente baja, evidenciando una posible falta de atención en estas regiones hacia el potencial de la IA en el ejercicio para esta población. Por ejemplo, España y otros países europeos como Portugal e Italia contribuyeron solo con un puñado de publicaciones, lo que puede reflejar diferencias en la inversión en investigación o en la priorización de la actividad física entre los mayores.

Los estudios revisados involucraron a un total de 950 participantes, aunque la muestra efectiva se redujo a 638 debido a diversas limitaciones en los diseños de investigación. La mayoría de los estudios incluyeron un mayor número de mujeres que de hombres, lo que podría influir en los resultados y su aplicabilidad. Los diseños más utilizados fueron ensayos controlados aleatorizados, que ofrecen un rigor metodológico, pero también se encontraron estudios cuasiexperimentales y transversales, lo que sugiere una diversidad en las aproximaciones a la investigación.

La revisión identificó ocho funciones clave de las herramientas de IA utilizadas en los estudios analizados. Las más destacadas fueron la retroalimentación en tiempo real y la guía personalizada, presentes en la mayoría de los trabajos. Estas características son fundamentales para mantener la motivación y el compromiso de los participantes en sus programas de ejercicio, algo que se ha demostrado necesario para el éxito a largo plazo en la adopción de hábitos saludables.

Un hallazgo interesante del análisis es que el 55,6% de los estudios reportó resultados positivos relacionados con la motivación para hacer ejercicio y la adherencia al programa, lo cual es alentador. Además, un 72,2% de los trabajos indicó mejoras en variables físicas como el equilibrio, la fuerza muscular y la precisión del movimiento. Estos resultados sugieren que, a pesar de las limitaciones en la investigación y la necesidad de más evidencia, la IA tiene el potencial de ser un aliado valioso en el diseño de programas de ejercicio para adultos mayores que buscan mejorar su calidad de vida.

Sin embargo, es fundamental que futuras investigaciones profundicen en los aspectos menos claros, como el impacto de la IA en la salud mental y otros indicadores físicos. A medida que la población envejece y la inactividad física sigue siendo un problema creciente, la integración de la tecnología en el ejercicio adaptado para adultos mayores podría ser una solución prometedora, pero solo si se complementa con estudios rigurosos que respalden su eficacia y seguridad a largo plazo.