Las empresas atraviesan una nueva etapa en la adopción de la inteligencia artificial (IA), en la que ya no alcanza con demostrar las capacidades de esta tecnología. Ahora también se exigen resultados concretos y un análisis detallado del costo de cada tarea ejecutada por los sistemas de IA. En ese escenario, gana relevancia el concepto de “token taming”, orientado a utilizar los tokens de la manera más eficiente posible.

Jorge Ferrer, vicepresidente sénior y responsable de Celonis en Madrid, señaló que el consumo de tokens dejó de ser una cuestión exclusivamente técnica y pasó a convertirse en una preocupación económica para las compañías. “Los directores financieros están analizando minuciosamente los presupuestos destinados a la IA y rechazan la cultura del ‘tokenmaxxing’, caracterizada por un consumo desenfrenado y unos costes desorbitados”, afirmó.

Según Ferrer, la tendencia actual consiste en optimizar la implementación de la IA para reducir el consumo de tokens y, al mismo tiempo, maximizar los resultados. El desafío adquiere mayor relevancia a medida que las empresas incorporan estas herramientas en miles de empleados, procesos y operaciones. Instrucciones demasiado extensas, consultas redundantes y comprobaciones continuas pueden multiplicar el trabajo realizado por la IA y derivar en una factura considerable. Por eso, la austeridad y el control en el uso de tokens comienzan a ocupar un lugar central en la gestión empresarial de esta tecnología.