“Las máquinas fabrican frases para vivir, y todos repetimos sin nunca descubrir, que la libertad de un hombre no era de metal”, escribió el músico Moris en 1970. Cincuenta y seis años después, esas palabras de “Escúchame entre el ruido” fueron recuperadas por el guitarrista Ricardo Mollo durante una charla en una escuela de música de Paraná, donde expresó su preocupación por el avance de la inteligencia artificial.
Mollo vinculó el debate actual con la manera en que las sociedades modifican sus hábitos cuando aparecen nuevas evidencias sobre sus consecuencias. Durante décadas, por ejemplo, los médicos atendían a sus pacientes mientras fumaban y era habitual fumar dentro de un avión durante un vuelo de varias horas. Con el tiempo, las advertencias sobre el impacto del tabaco en los fumadores y en terceros derivaron en marcos regulatorios y restricciones.
Las plataformas de inteligencia artificial, también disruptivas y desplegadas a una velocidad que parece incontenible, ya forman parte de la vida cotidiana de muchas personas. Su presencia alcanza ámbitos como la escuela, el entretenimiento, las noticias, los viajes y la cocina. Sin embargo, sus efectos sobre los individuos y sobre los demás todavía no siempre son considerados. “La máquina triunfó y el hombre se acabó”, escribió Moris en aquella canción, con un pronóstico apocalíptico que quizá no exceda el terreno de la poesía. Aun así, sus versos invitan a prestar atención al ruido que acompaña esta transformación.



