En el marco del XIX Simposio de la Fundación COTEC, realizado en Venecia, el Rey Felipe VI compartió su perspectiva sobre la inteligencia artificial (IA) y su impacto en la sociedad. Durante su intervención, el monarca hizo una analogía entre el escepticismo que provocó la invención de la imprenta y las inquietudes actuales que genera la IA. Felipe VI enfatizó la importancia de una regulación adecuada de esta tecnología para prevenir un aumento en las desigualdades sociales y recordó la encíclica del Papa León XIII, que llama a no perder de vista la dignidad humana en el desarrollo tecnológico.
La declaración del Rey se produce en un contexto donde la IA está modificando rápidamente diversos sectores, desde el ámbito laboral hasta la educación. En su discurso, subrayó que esta herramienta tiene el potencial de revolucionar los procesos productivos y organizativos, así como la manera en que nos relacionamos con el conocimiento. "La IA puede abrir nuevas oportunidades para mejorar la eficacia y la eficiencia", destacó, al tiempo que reconoció los riesgos que conlleva su implementación descontrolada.
Felipe VI advirtió que, sin los marcos normativos adecuados, la inteligencia artificial podría tener efectos adversos en la sociedad, como la degradación del trabajo y la concentración de la riqueza en manos de unos pocos. En este sentido, citó nuevamente las preocupaciones planteadas por el Papa en su encíclica "Magnifica Humanitas", que enfatiza que la automatización debe estar al servicio del bien común y de la dignidad de las personas. Este llamado a la regulación subraya la necesidad de un debate ético en torno a las nuevas tecnologías, especialmente en un foro como el COTEC, centrado en la transformación del trabajo en la era digital.
El Rey también abordó la necesidad de que la IA se adapte a las aspiraciones y valores de la humanidad. "No podemos construir el futuro digital europeo sin tener en cuenta nuestras leyes y tradiciones humanistas", indicó, planteando un dilema: la necesidad de actuar con rapidez sin perder de vista los principios éticos que deben guiar esa acción. En un mundo globalizado, donde las decisiones sobre tecnología se toman en otros contextos, el monarca instó a la proactividad y a la audacia para no quedar rezagados en esta carrera.
La reflexión de Felipe VI se enmarca en una larga historia de tensiones entre la innovación y la ética. Recordó cómo la imprenta, en su momento, encontró resistencia y desconfianza, pero también cómo esa misma tecnología permitió la difusión de ideas que han perdurado en el tiempo. Este paralelismo ilustra que los temores hacia la transformación digital son recurrentes, y que es fundamental abordarlos con un enfoque constructivo.
El Rey concluyó su intervención instando a convertir los desafíos actuales en oportunidades para construir una sociedad más inclusiva y con mejor calidad de vida. "Debemos trabajar para que todos puedan participar de este cambio a través de la educación", afirmó. Este enfoque positivo resuena con la visión de un futuro donde la tecnología, en lugar de dividir, pueda unir y empoderar a las personas en un contexto de respeto mutuo y dignidad.



