El crecimiento desmedido de las ciudades ha generado un fenómeno donde el espacio físico se vuelve cada vez más escaso, mientras que la cantidad de objetos en circulación aumenta notablemente. Esta situación plantea un reto que va más allá del simple almacenamiento; implica una nueva forma de gestionar activos que a menudo pasan desapercibidos en nuestra vida cotidiana. Según Livia, una experta en este ámbito, la logística no solo impacta nuestras vidas personales, sino que también abre un abanico de oportunidades económicas significativas.

Una de las observaciones clave es la tendencia de las personas a acumular objetos, lo que dificulta la visualización de lo que realmente poseen. En un entorno donde las cosas parecen multiplicarse y el espacio se reduce, el verdadero desafío radica en ofrecer soluciones de almacenamiento que sean flexibles, digitales y de fácil acceso. Así, surge la idea de transformar activos que suelen estar inmovilizados, convirtiéndolos en elementos dinámicos que pueden ser gestionados eficazmente mediante la digitalización y la creación de inventarios.

La trayectoria de Livia en el sector comenzó durante su formación académica en París, donde se interesó por la logística urbana. Al regresar a Argentina en 2009, se enfrentó al desafío de optimizar la última milla en el comercio electrónico, identificando que el costo logístico influía directamente en la tasa de conversión de ventas. Inspirada por los modelos de puntos de recogida que había estudiado, desarrolló un prototipo que permitió ofrecer soluciones accesibles y eficientes. Aunque la tecnología juega un papel crucial, Livia enfatiza que el verdadero desafío reside en la gestión humana, que implica la coordinación de diversas partes involucradas y la creación de una experiencia del usuario que, aunque simple, es respaldada por un proceso logístico complejo.