El 3 de octubre de 2022, en Rosario, se llevó a cabo una audiencia de imputación que marcaría el inicio de un escándalo relacionado con la venta ilegal de fentanilo y otras sustancias peligrosas. Este caso gira en torno a Luis Emmanuel Benavídez, un enfermero del PAMI, quien se encuentra acusado de haber vendido estos potentes narcóticos, contribuyendo a la muerte de un hombre por sobredosis. Aunque los robos de medicamentos como el fentanilo y el propofol eran considerados un fenómeno vinculado a su uso médico, la investigación reveló un oscuro entramado delictivo que iba más allá de la simple negligencia.
Los fiscales Martín Uriona, Matías Mene y Soledad García lideraron la investigación que destapó esta red de tráfico de drogas. En sus indagaciones, se determinó que Benavídez había estado comercializando ampollas de fentanilo y bromuro de vecuronio desde marzo de 2023. Estos fármacos, destinados originalmente para la atención médica, estaban siendo desviados para un uso recreativo, lo que desencadenó una serie de eventos que culminaron en una tragedia.
El enfermero tenía acceso a las sustancias a través de su trabajo en el PAMI, donde los controles eran laxos y le permitían operar con relativa tranquilidad. Las comunicaciones con uno de sus clientes, identificado como E.G.M., revelaron un patrón de venta que incluía no solo la entrega de las drogas, sino también instrucciones para su uso, lo que genera aún más preocupación sobre el grado de responsabilidad de Benavídez. Según la investigación, E.G.M. fue encontrado sin vida el 13 de agosto de 2023, junto a las sustancias que había adquirido, lo que marcó un punto de inflexión en el caso.
La muerte de E.G.M. llevó a las autoridades a intensificar las pesquisas. Sin embargo, el proceso judicial fue lento; no fue hasta el 30 de septiembre de 2025 que se logró obtener una orden de allanamiento. Durante este operativo, se descubrieron en poder de Benavídez una impresionante cantidad de sustancias ilegales, incluyendo cuatro ampollas de fentanilo, 96 frascos de bromuro de vecuronio y un arsenal de jeringas hipodérmicas. La amplitud del hallazgo dejó al descubierto la magnitud del negocio ilícito que había estado operando en las sombras.
La situación se agrava al considerar la peligrosidad de las sustancias involucradas. El fentanilo, un opioide sintético, es conocido por su alta potencia y el riesgo de sobredosis que conlleva. La combinación de este narcótico con bromuro de vecuronio, un relajante muscular utilizado en anestesia, resulta en un cóctel letal que puede tener consecuencias devastadoras para la salud de quienes lo consumen recreativamente. Este caso no solo plantea interrogantes sobre la ética profesional de los trabajadores de la salud, sino que también refleja una crisis más amplia en el manejo y control de sustancias controladas en el país.
El impacto de esta situación va más allá de los individuos involucrados. La comunidad de Rosario ha sido testigo de un aumento en el consumo de sustancias peligrosas, y los casos de sobredosis han ido en aumento, lo que ha llevado a un llamado urgente para que se implementen medidas más estrictas en el control de medicamentos. La historia de Luis Falopa es un claro recordatorio de la necesidad de fortalecer los mecanismos de vigilancia en el sistema de salud y de abordar el tema de la adicción y el abuso de sustancias desde una perspectiva de salud pública.
Mientras la causa avanza, se espera que la justicia actúe con severidad para prevenir que situaciones similares se repitan en el futuro. La lucha contra el narcotráfico y el desvío de medicamentos es un desafío que requiere no solo acciones legales, sino también un compromiso social que involucre a todos los sectores de la comunidad. El caso de Benavídez es un claro ejemplo de cómo la negligencia y la corrupción pueden tener consecuencias fatales, y subraya la importancia de mantener un sistema de salud que priorice la seguridad y el bienestar de la población.



