En un esfuerzo por abordar un problema ambiental de creciente preocupación a nivel global, un grupo de investigadores de Mar del Plata ha iniciado el desarrollo de un filtro doméstico capaz de eliminar micro y nanoplásticos del agua potable. Este avance es liderado por el equipo del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), perteneciente al CONICET y la Universidad Nacional de Mar del Plata, bajo la dirección de la científica Carla di Luca. La contaminación por plásticos, en especial en sus formas más pequeñas, representa una amenaza silenciosa que compromete no solo la calidad del agua, sino también la salud de los ecosistemas y de las personas.

La presencia de microplásticos y nanoplásticos en el agua potable se ha convertido en un tema de investigación prioritario en la comunidad científica. Estas diminutas partículas, que pueden tener un tamaño inferior a una milésima de milímetro, son capaces de penetrar en organismos vivos, acumulándose en sus tejidos y generando efectos adversos que aún son objeto de estudio. Este fenómeno es alarmante, ya que su impacto en la salud humana y en el medio ambiente es cada vez más evidente.

En este contexto, la científica Carla di Luca ha destacado que la mayoría de los sistemas de filtración existentes en el mercado están diseñados para eliminar contaminantes como sedimentos, bacterias, cloro y ciertos metales, pero no para enfrentar específicamente el desafío que representan los micro y nanoplásticos. Esta limitación ha motivado al equipo de INTEMA a desarrollar una solución innovadora que complemente los purificadores de agua convencionales, enfocándose en un diseño que aborde el problema desde dos frentes: la modificación química de los plásticos y su posterior captura.

El dispositivo que se está creando implica un tratamiento en dos fases. La primera etapa se basa en la fotólisis UVC, un proceso que utiliza luz de alta energía para activar la superficie de los micro y nanoplásticos, haciéndolos más propensos a unirse a ciertos materiales. En la segunda fase, un material adsorbente de bajo costo, elaborado a partir de residuos industriales locales, actúa como un imán para estas partículas modificadas. "No buscamos destruir los plásticos, sino hacerlos más 'pegajosos' para que puedan ser retenidos de manera más eficiente", explica di Luca.

Este enfoque busca sobrepasar las limitaciones de los filtros tradicionales, que dependen de la porosidad de carbón activado y solo son efectivos para partículas de un tamaño específico. Según la investigadora, la eficacia de estos filtros está condicionada por su estructura física, lo que los hace ineficaces para retener partículas más pequeñas. Por el contrario, el nuevo filtro podría representar un avance significativo en la capacidad de eliminación de contaminantes microplásticos.

La situación se complica aún más cuando se trata de nanoplásticos, que son partículas aún más pequeñas, con un tamaño menor a 1 micrómetro. Estos suelen atravesar los filtros mecánicos convencionales que se utilizan en la mayoría de los hogares, lo que plantea un desafío adicional para su remoción. De hecho, el CONICET ha señalado que la eliminación de nanoplásticos aún está en fase de investigación, y se están evaluando diversas estrategias para abordarlos de manera efectiva.

Aunque existen tecnologías más avanzadas, como la ultrafiltración y la ósmosis inversa, que tienen un mayor potencial de remoción de estas partículas, presentan desventajas en términos de costos, consumo energético y la eliminación de minerales esenciales del agua. Asimismo, los procesos de oxidación total han mostrado buenos resultados en algunas pruebas, pero requieren de una implementación más compleja y costosa. Por lo tanto, el desarrollo de un filtro doméstico accesible y eficiente podría ser una solución viable para combatir esta problemática, que afecta a millones de personas en todo el mundo.