El auge de la música producida mediante inteligencia artificial se hace evidente en las principales plataformas de streaming, donde las canciones generadas por algoritmos están comenzando a proliferar. Este fenómeno ha llevado a los oyentes a buscar nuevas maneras de discernir la procedencia de una pista antes de reproducirla, especialmente en servicios como Spotify y Apple Music, donde la cantidad de lanzamientos diarios complica los métodos de verificación convencionales.

Aunque estas plataformas están implementando sistemas de moderación y detección, la producción masiva de música a través de IA facilita la publicación de miles de canciones en un corto período, muchas veces sin información clara acerca de su origen. Esto genera un catálogo en el que se mezclan obras legítimas con contenido automatizado, planteando interrogantes sobre la autenticidad, los derechos de autor y la distribución de ingresos.

Para detectar música generada por inteligencia artificial, no siempre es suficiente con analizar el sonido. A menudo, las pistas más reveladoras se encuentran en el perfil del artista y su interacción dentro del ecosistema digital. Indicadores como la ausencia de imágenes reales, biografías vagas y una producción excesivamente rápida son algunos de los aspectos que pueden alertar sobre la naturaleza algorítmica de una canción.