Mucho antes de que las redes sociales se convirtieran en grandes difusoras de noticias personales, los barrios ya contaban con un sistema artesanal y público para compartir las novedades de sus vecinos. Los pasacalles instalados en árboles, frentes y esquinas provocaban saludos, comentarios y conversaciones en veredas y comercios de cercanía, cuando esos negocios todavía eran, sobre todo, almacenes.
La tecnología parece haber ganado ampliamente la carrera de la comunicación, pero todavía hay quienes eligen anunciar sus logros de manera pública, aunque sin aspirar a una audiencia masiva. No es igual que una buena noticia personal circule entre los vecinos de una cuadra a recibir “likes” de un alias de Singapur o de un avatar curioso de Catamarca. En un caso, la celebración conserva una dimensión cercana y reconocible.
Pocas noches atrás, mientras mi amigo Alan paseaba a Tokio por Villa Crespo, el galgo rescatado se dirigió hacia un árbol ubicado sobre Gurruchaga, casi Lerma. De sus ramas colgaba un pasacalle dedicado a Marisa, quien se había recibido de arquitecta. El mensaje sostenía que la graduada merecía un “feriado nacional” en su honor y sumaba una recriminación afectuosa: “Te hiciste esperar más que cochinillo en quebracho blanco”. La frase dejaba en claro que la alegría era enorme, aunque el título se había hecho desear más de lo previsto.



